martes, 9 de febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

CÁRITAS ESPAÑA DENUNCIA: EN EUROPA HAY CERCA DE 80 MILLONES DE POBRES

LA RAZÓN. Madrid - L. R. R.

La 65ª Asamblea General de Cáritas Española ha denunciado esta semana que en el viejo continente hay ya cerca de 80 millones de pobres y lamenta la «visión limitada» de la Unión Europea al «no reconocer que la pobreza y la exclusión social siguen siendo uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la Unión». Para los miembros de la Asamblea, «la pobreza y la exclusión social es una injusticia social que afecta a la dignidad de las personas y conculca los derechos humanos de un modo inadmisible en una sociedad que dispone de recursos y de riqueza suficiente para todos».

Esta afirmación se recoge en la declaración final de la Asamblea, presentada esta semana en Madrid por Sebastián Mora, secretario general de Cáritas, durante una rueda de prensa en la que, junto a Natalia Peiró, coordinadora del Área de Cooperación Internacional, aportaron los últimos datos de la acción de la red Cáritas en Haití. Mora muestra su preocupación, en el inicio de la convocatoria de 2010 como Año Europeo contra la Pobreza y la Exclusión Social: «Los objetivos marcados para el año 2010 son un fracaso a la vista de los 80 millones de pobres que viven en la Unión Europea», apostilló.

España: 1,5 millones de pobres
Para Cáritas, como primer paso para contribuir a un modelo social basado en la solidaridad y la justicia, es indispensable que en 2010 salgan reforzados estos ejes: dotar de significado real a la Carta de Derechos Fundamentales; impulsar una declaración clara de cómo la economía debe servir a objetivos sociales y acabar con la pobreza y la exclusión social, al menos en sus expresiones más severas, que afectan a 1,5 millones de personas en España, y garantizar el derecho a una vida digna mediante condiciones económicas, sociales, culturales y éticas para una sociedad «más comunitaria».

jueves, 4 de febrero de 2010

LA FIGURA DEL SACERDOTE EN EL CINE


José M. García Pelegrín. Colaborador de CinemaNet

Para varias generaciones, la imagen del sacerdote católico en el cine estuvo marcada por «Don Camilo». El párroco al que dio vida el actor francés Fernandel (1903–1971) se enfrentó al alcalde comunista «Peppone» en cinco filmes, entre 1952 y 1965. Sin embargo, en las últimas cinco décadas no solo la sociedad, sino también su reflejo en la gran pantalla, ha experimentado profundos cambios. Aquí se tratarán filmes de la presente década -la primera del siglo XXI-, en los que desempeña un papel destacado un sacerdote.

La figura sacerdotal más impresionante que en los últimos años ha aparecido en la gran pantalla es, sin duda, el luxemburgués Henri Kremer, el protagonista de «El noveno día» (2004) de Volker Schlöndorff. El filme narra un hecho absolutamente fuera de lo común: el presbítero -que en realidad se llamaba Jean Bernard- pudo salir en febrero de 1942 del campo de concentración de Dachau; le dieron un permiso de diez días para asistir al entierro de su madre. Según recoge en sus recuerdos, la vida de los otros sacerdotes prisioneros en el campo dependía de su decisión de regresar voluntariamente tras esas vacaciones. La idea de que con ese permiso, la Gestapo buscaba «reeducarlo» para conseguir un éxito de propaganda -así suponía el sacerdote- proporciona la base para desarrollar el guión. El recurso que aplican los guionistas Eberhard Görner y Andreas Pflüger -hacer del jefe de la Gestapo en Luxemburgo un antiguo seminarista que, poco antes de la ordenación, dejó la religión católica para abrazar la ideología nazi- permite introducir el debate teológico que se encuentra en el centro del filme. Henri Kremer resiste a las sutiles tentaciones del nazi. Acerca de esto, el director Schlöndorff comentaba en una entrevista con el autor de estas líneas: «El film es la historia de una tentación; el sacerdote sabe desde un primer momento lo que es correcto y lo que no lo es; pero no sabe si tendrá las suficientes fuerzas».

Lógicamente se encuentran sacerdotes en el centro de filmes que tienen como argumento un exorcismo. Un caso sucedido a finales de los años setenta en Alemania, que despertó mucho interés en la opinión pública se convirtió en el año 2005 en el argumento de dos filmes que, dependiendo de la postura del director, ofrecían distintos resultados. En «Requiem (El exorcismo de Micaela)», el director alemán Hans Christian Schmid presentaba el caso de «Micaela Klingler» de un modo acorde con la afirmación de sus propias declaraciones: «un exorcismo no es un medio adecuado para ayudar a un enfermo psíquico»; por el contrario, la película americana «El exorcismo de Emily Rose» dejaba al espectador la posibilidad de extraer consecuencias por sí mismo: a diferencia del sacerdote en «Requiem», Tom Wilkinson representa en «El exorcismo de Emily Rose» a Father Moore, autor del exorcismo, como una persona normal, con los pies en el suelo de la realidad. A diferencia de la estructura narrativa lineal del filme de Schmid, la película norteamericana muestra la trama principal en flashbacks, que se enmarcan en un caso judicial, cuyo acusado es Father Moore; de ese modo el director puede profundizar más en el carácter del sacerdote.

Frente a la representación llena de tópicos de un sacerdote pedófilo en «La mala educación» (2004) de Pedro Almodóvar, «La duda» (2008) -ambientada en 1964- trata de las consecuencias de la calumnia en un medio católico: el carismático y alegre Father Flynn es objeto de la sospecha de haber dedicado «una atención demasiado especial» a un alumno. «La duda» está basada en la obra de teatro de John Patrick Shanley -guionista también del filme-, por lo que demuestra especiales cualidades en los cuidados diálogos escénicos entre el sacerdote y la religiosa, directora del colegio.

Un sacerdote que nada tiene que envidiar a Don Camilo en pillería procede asimismo de Italia: En «Comprométete» («Casomai», 2002) de Alessandro D’Alatri, el joven y simpático Don Livio, recurre a una artimaña durante la boda para animar a los novios Stefania y Tommaso a conciliar con la familia las exigencias profesionales, impuestas por una sociedad cada vez más egoísta. Simpático, siempre dispuesto a ayudar y preocupado por la salud espiritual de sus feligreses: así es el jovencísimo Father Janovich en el último filme de Clint Eastwood «Gran Torino» (2008); el sacerdote desea llevar a cabo el último encargo de la esposa del protagonista Walt Kowalski, que este se acerque a la confesión. La simpática figura del juvenil, pero al mismo tiempo serio Janovich queda firmemente grabada en la memoria del espectador.

A pesar de alguna visión crítica aislada, la imagen del sacerdote católico en el cine del nuevo siglo es especialmente positiva. Joven las más de las veces, comprometido y preocupado por las personas que le han sido confiadas, el «sacerdote de cine» suele dejar una impresión duradera.

martes, 2 de febrero de 2010

PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESUS EN EL TEMPLO


La fiesta de la Presentación del Señor en el templo, cuarenta días después de su nacimiento, pone ante nuestros ojos un momento particular de la vida de la Sagrada Familia: según la ley mosaica, María y José llevan al niño Jesús al templo de Jerusalén para ofrecerlo al Señor (cf. Lc 2, 22). Simeón y Ana, inspirados por Dios, reconocen en aquel Niño al Mesías tan esperado y profetizan sobre él. Estamos ante un misterio, sencillo y a la vez solemne, en el que la santa Iglesia celebra a Cristo, el Consagrado del Padre, primogénito de la nueva humanidad.

La sugestiva procesión con los cirios al inicio de nuestra celebración nos ha hecho revivir la majestuosa entrada, cantada en el salmo responsorial, de Aquel que es "el rey de la gloria", "el Señor, fuerte en la guerra" (Sal 23, 7. 8). Pero, ¿quién es ese Dios fuerte que entra en el templo? Es un niño; es el niño Jesús, en los brazos de su madre, la Virgen María. La Sagrada Familia cumple lo que prescribía la Ley: la purificación de la madre, la ofrenda del primogénito a Dios y su rescate mediante un sacrificio. En la primera lectura, la liturgia habla del oráculo del profeta Malaquías: "De pronto entrará en el santuario el Señor" (Ml 3, 1). Estas palabras comunican toda la intensidad del deseo que animó la espera del pueblo judío a lo largo de los siglos. Por fin entra en su casa "el mensajero de la alianza" y se somete a la Ley: va a Jerusalén para entrar, en actitud de obediencia, en la casa de Dios.

El significado de este gesto adquiere una perspectiva más amplia en el pasaje de la carta a los Hebreos, proclamado hoy como segunda lectura. Aquí se nos presenta a Cristo, el mediador que une a Dios y al hombre, superando las distancias, eliminando toda división y derribando todo muro de separación. Cristo viene como nuevo "sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y a expiar así los pecados del pueblo" (Hb 2, 17). Así notamos que la mediación con Dios ya no se realiza en la santidad-separación del sacerdocio antiguo, sino en la solidaridad liberadora con los hombres. Siendo todavía niño, comienza a avanzar por el camino de la obediencia, que recorrerá hasta las últimas consecuencias. Lo muestra bien la carta a los Hebreos cuando dice: "Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas (...) al que podía salvarle de la muerte, (...) y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (Hb 5, 7-9).

La primera persona que se asocia a Cristo en el camino de la obediencia, de la fe probada y del dolor compartido, es su madre, María. El texto evangélico nos la muestra en el acto de ofrecer a su Hijo: una ofrenda incondicional que la implica personalmente: María es Madre de Aquel que es "gloria de su pueblo Israel" y "luz para alumbrar a las naciones", pero también "signo de contradicción" (cf. Lc 2, 32. 34). Y a ella misma la espada del dolor le traspasará su alma inmaculada, mostrando así que su papel en la historia de la salvación no termina en el misterio de la Encarnación, sino que se completa con la amorosa y dolorosa participación en la muerte y resurrección de su Hijo. Al llevar a su Hijo a Jerusalén, la Virgen Madre lo ofrece a Dios como verdadero Cordero que quita el pecado del mundo; lo pone en manos de Simeón y Ana como anuncio de redención; lo presenta a todos como luz para avanzar por el camino seguro de la verdad y del amor.

Las palabras que en este encuentro afloran a los labios del anciano Simeón —"mis ojos han visto a tu Salvador" (Lc 2, 30)—, encuentran eco en el corazón de la profetisa Ana. Estas personas justas y piadosas, envueltas en la luz de Cristo, pueden contemplar en el niño Jesús "el consuelo de Israel" (Lc 2, 25). Así, su espera se transforma en luz que ilumina la historia.

Simeón es portador de una antigua esperanza, y el Espíritu del Señor habla a su corazón: por eso puede contemplar a Aquel a quien muchos profetas y reyes habían deseado ver, a Cristo, luz que alumbra a las naciones. En aquel Niño reconoce al Salvador, pero intuye en el Espíritu que en torno a él girará el destino de la humanidad, y que deberá sufrir mucho a causa de los que lo rechazarán; proclama su identidad y su misión de Mesías con las palabras que forman uno de los himnos de la Iglesia naciente, del cual brota todo el gozo comunitario y escatológico de la espera salvífica realizada. El entusiasmo es tan grande, que vivir y morir son lo mismo, y la "luz" y la "gloria" se transforman en una revelación universal. Ana es "profetisa", mujer sabia y piadosa, que interpreta el sentido profundo de los acontecimientos históricos y del mensaje de Dios encerrado en ellos. Por eso puede "alabar a Dios" y hablar "del Niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén" (Lc 2, 38). Su larga viudez, dedicada al culto en el templo, su fidelidad a los ayunos semanales y su participación en la espera de todos los que anhelaban el rescate de Israel concluyen en el encuentro con el niño Jesús.

(Benedicto XVI, palabras de la Homilía 02.02.2006)

sábado, 16 de enero de 2010

DIEZ ACCIONES PARA PROMOVER LAS VOCACIONES SACERDOTALES Y RELIGIOSAS


(Adaptación de una propuesta de la Comisión Episcopal del Clero de Estados Unidos)

1. Rezar por el incremento de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Mt 9,38: “Pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su viña”.

2. Enseñar a la gente joven cómo rezar. El Papa Benedicto XVI dijo que si no enseñamos a nuestros jóvenes a orar, nunca oirán la llamada de Dios en una profunda relación con El y en discipulado de la Iglesia.

3. Invitar a jóvenes y adolescentes a considerar en su vida la posibilidad de la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa. Bastaría una sencilla sugerencia: “Veo en tu persona cualidades que harían de ti un buen sacerdote”.

4. Hacerla atrayente. El reto para sacerdotes y religiosos es ser modelos alegres de sus vocaciones. ¡Vale la pena dejarlo todo por Cristo!.

5. Predicar frecuentemente de la vocación para que arraigue en las comunidades cristianas una “cultura vocacional”. Hablar de las vocaciones en homilías, retiros espirituales, confesiones, oraciones de los fieles, en los colegios. Las vocaciones que no se ven están fuera de la mente”.

Para quienes consideran la posibilidad de la vocación:

6. Practicar la fe. Es importante que el que se está planteando la vocación sacerdotal o religiosa crezca en una profunda, íntima y amorosa relación con Dios. Este es el primer paso para cualquier joven que desea discernir cualquier llamamiento en su vida.

7. Entrar en el silencio. Sólo podemos “oír” la voz de Dios si estamos callados. Un tiempo concreto cada día para estar en oración silenciosa.

8. Ser un buen discípulo. Un obispo dice: ‘No tenemos una crisis de vocaciones; tenemos una crisis de discipulado’. Los jóvenes pueden llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo sirviendo a quienes les rodean. Descubriendo tu llamada al discipulado, también descubres su particular llamada dentro de la Iglesia.

9. Preguntar a Dios. Pregunta a Dios lo que desea para tu vida. “Señor habla que tu siervo escucha”. “Señor, haz de mi lo que quieras”.

10. Solicitar entrar en el Seminario o en una orden religiosa. Son lugares de discernimiento de la vocación.

miércoles, 13 de enero de 2010

ANTE EL TERREMOTO QUE HA SUFRIDO HAITÍ, BENEDICTO XVI PIDE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CON LAS VÍCTIMAS


Benedicto XVI ha hecho esta mañana un llamamiento a la comunidad internacional para que ayude a las víctimas del devastador terremoto que ha asolado Haití este martes. El Pontífice hizo el llamamiento ante unos 9.000 fieles que asistieron en el Aula Pablo VI del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, donde calificó la situación desatada en Haití por el terremoto ocurrido esta madrugada como "dramática".

"Hago un llamamiento ante la dramática situación en que se encuentra Haití. Mi pensamiento está con la población tan duramente golpeada por el devastador terremoto ocurrido hace unas horas y que ha causado graves pérdidas de vidas y un gran número de damnificados y desaparecidos, así como ingentes daños materiales", dijo el Papa.

Benedicto XVI invitó a los fieles a unirse a él para rezar por las víctimas de la catástrofe y por los que lloran a sus seres queridos fallecidos y expresó su solidaridad con los que han perdido sus casas y con todas las personas afectadas por "esta grave calamidad" e imploró a Dios consuelo para su sufrimiento.

"Hago un llamamiento -indicó- a la generosidad de todos, para que no falte a estos hermanos y hermanas que viven un momento de necesidad y de dolor nuestra concreta solidaridad y el apoyo efectivo de la comunidad internacional".

"La Iglesia Católica se pone en marcha inmediatamente para paliar, a través de sus instituciones caritativas, las necesidades más inmediatas de la población", subrayó el Pontífice.

jueves, 7 de enero de 2010

LOS OCHO RETOS DE LA IGLESIA EN 2010


1. Evangelizar a los jóvenes
Aunque en el Tercer Mundo la Iglesia es de jóvenes, en Occidente éstos escasean. En España sólo van a misa el 11 por ciento de los jóvenes y el 17 por ciento de los adolescentes. La Jornada Mundial de la Juventud de 2011 es un incentivo para evangelizar.

2. Vocaciones sacerdotales
En los últimos diez años la Iglesia ha ganado 4.000 sacerdotes más, muy poco teniendo en cuenta que ha aumentado en 142 millones de fieles. El Año Sacerdotal decretado por el Papa tiene una dimensión vocacional importante.

3. Católicos en países islámicos
Católicos coptos, armenios, maronitas, caldeos, malabares... llegan al Golfo Pérsico huyendo de la violencia en Irak o Palestina, o crean parroquias de lengua y liturgia indias en los emiratos petroleros. Un Sínodo abordará su situación.

4. A favor de la Vida
La Iglesia católica se enfrentará un año más a leyes contrarias a la vida y la familia en todo el mundo. En España, aunque se apruebe la nueva Ley del Aborto, los católicos seguirán denunciando su injusticia y ofreciendo alternativas a las mujeres. En EE UU, la Iglesia está encontrando una voz profética contra las medidas más antifamiliares de Obama. Los católicos de Europa y Suramérica crecen en su conciencia pro-vida.

5. Niños y adolescentes inmigrantes
En su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante, el Papa pide una atención especial para los niños y adolescentes inmigrantes. La Iglesia española denuncia que la nueva Ley de Extranjería restringe derechos que afectan su dignidad personal. En EE UU y Europa, la Iglesia pide más solidaridad y generosidad.

6. Admisión de cristianos protestantes
En las parroquias católicas de «uso anglicano» de EE UU están recibiendo peticiones de personas de origen luterano y presbiteriano interesadas en ingresar en una comunidad católica bajo la novedosa propuesta de los «ordinariatos personales». La beatificación del cardenal Newman en septiembre puede consolidar esta vía.

7. Corrupción y disensiones en el clero y en órdenes religiosas
Los obispos que ocultaron abusos a menores, las órdenes religiosas femeninas disidentes en Estados Unidos, la visita apostólica a la Legión de Cristo, los curas disidentes africanos que quieren crear una iglesia independiente de curas casados, corrientes nacionalistas en las iglesias locales.... son retos que la autoridad eclesial deberá afrontar.

8. Cáritas y la opción por los más necesitados
Cáritas Española ayudó a 800.000 personas en 2009 y los obispos han aportado 3 millones de euros extra a esta organización de cara al nuevo año. Los españoles de a pie aumentan sus donativos y llegan más voluntarios. Por el contrario, las administraciones públicas se vuelven más lentas (pasan tres meses o más antes de atender una petición de ayuda) y miles de familias han agotado ya todas sus prestaciones sociales. El tercer año de crisis llueve sobre mojado también en el Tercer Mundo, cuyas iglesias locales afirman que «nosotros llevamos 500 años de crisis».

martes, 29 de diciembre de 2009

LA VIRGEN DE LA VENIDA ECHA DE MENOS A ALGUIEN


Una de las imágenes más típicas de las fiestas de la Venida es contemplar a la Virgen de la Asunción en su trono, saliendo en procesión, rodeada de niños. Esos infantes representan la inocencia y la limpieza interior del ser humano. Están alrededor de la Virgen soportando el frío del ambiente y la incomodidad del trono. Con las manos juntas, como si estuvieran sosteniendo una continua oración, y mirando a la imagen, o a la gente, intentando descubrir cerca al padre o a la madre, o al hermano o a la abuela…, y así sentirse más seguros.

Esa imagen tan tradicional para un ilicitano me ha hecho recordar que la Virgen de la Venida echa de menos a alguien en estas fiestas.

Echa en falta a tantas personas que tendrían que estar disfrutando de estos días pero que no están. Echa de menos a tantos jóvenes que podrían estar en el Tamarit acogiendo el arca con la Virgen, pero que no están. Echa de menos a tantos adolescentes que podrían alegrarse con la venida a caballo de Cantó a nuestra ciudad, pero que no están. Echa de menos a tantos niños que podrían estar corriendo por las calles, jugando en nuestros parques, envueltos en sus abrigos, alumbrando la procesión de la Virgen, pero que no están.

La Virgen de la Venida echa de menos a tantos ilicitanos ausentes a los que no se les ha permitido nacer y que ahora serían bebés llevados de paseo por sus padres por la Glorieta, o por las calles que rodean Santa María, o visitando a la Virgen que les espera en la Basílica. La Virgen echa de menos a tantas personas que empezaron a vivir, pero que han sido eliminadas por una selección de “calidad”: no respondían a los parámetros deseados, tendrían algún defecto o algún síndrome que los hiciera “diferentes”, o sencillamente porque eran un “problema”.

Y la Virgen no entiende nada. No entiende cómo los ilicitanos podemos llamarla Madre y eliminar –sin compasión- vidas de niños. No entiende cómo podemos emocionarnos ante su paso por nuestras calles y no sentir la ausencia de los que han sido destrozados como residuos humanos. No entiende cómo podemos cantarle cánticos que salen del corazón y olvidar fácilmente las nanas que no cantaremos nunca a niños a los que no se les ha permitido nacer.

Y la Virgen no entiende nada. No entiende cómo podemos disfrutar las fiestas que alegran nuestra vida y sepultar en la indiferencia nuestra sensibilidad por los más débiles. No entiende que se nos llene la boca de felicitaciones y parabienes y no hablemos con claridad en defensa de la vida.

La Virgen de la Venida echa de menos a tantos que deberían estar y no están. Pero Ella ha encontrado el remedio. Ella se ha rodeado de esos hermanos nuestros que ahora serían niños, adolescentes y jóvenes pero que nos les han permitido ver la luz del día. Ellos existen. Están en Dios. Están en la Casa del Padre. Y son los que realmente forman parte del cortejo de la Virgen de la Venida. Ellos rodean a María y le susurran al oído el nombre de sus padres, que están entre la gente, y ese susurro se convierte en una oración de intercesión: “Pídele a tu Hijo que los perdone porque no saben lo que han hecho”. Junto a la Virgen hay muchos hermanos nuestros que no vemos pero que están. Son inocentes cuya sangre derramada será Vida para todos nosotros.

La Virgen de la Venida ya no echa en falta a nadie. Ha convocado a su alrededor a todos los ilicitanos que han sido expulsados de este mundo impidiéndoles nacer, y ahora están cantándole en el coro de los ángeles.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

EL SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD


Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo.

Dios es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros.

Ha elegido como signo suyo al Niño en el pesebre: Él es así. De este modo aprendemos a conocerlo. Y sobre todo niño resplandece algún destello de aquel hoy, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; sobre todo niño, también sobre el que aún no ha nacido.

En aquel Niño acostado en el pesebre, Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da como don a sí mismo y que se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor.

Cumple tu promesa, Señor. Haz que donde hay discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que se haga luz donde dominan las tinieblas. Haz que seamos portadores de tu paz.


(Benedicto XVI)

lunes, 21 de diciembre de 2009

JUAN PABLO II Y PÍO XII “VENERABLES”

Jesús Colina. ZENIT.org.21.12.2009

Benedicto XVI autorizó este sábado la publicación de los decretos que reconocen las virtudes heroicas de los Papas Juan Pablo II y Pío XII, que de este modo pasan a ser reconocidos como "venerables" por la Iglesia.

Se trata del primer paso importante del proceso romano para la causa de beatificación de los dos pontífices. Para que puedan ser elevados a la gloria de los altares se necesitará el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión tras su muerte por una comisión científica, una comisión teológica, una comisión de cardenales y obispos y, por último, por el mismo Papa.

Para ser declarados santos se requerirá el reconocimiento de otro milagro atribuido a su intercesión. Pío XII (Eugenio Pacelli), nacido en Roma en 1876, fue obispo de Roma entre 1939 y 1958, año en que falleció en Castel Gandolfo, la residencia de los papas cercana a la Ciudad Eterna. Guió el timón de la barca de Pedro en las difíciles tormentas de la segunda guerra mundial, desplegando una importante obra de ayuda a los perseguidos, incluidos los judíos.


Por su parte Juan Pablo II (Karol Wojtyla), nacido en1920 en Wadowice (Polonia), fue elegido Papa en octubre de 1978 y falleció el 2 de abril de 2005 acompañado por cientos de miles de personas congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano. Los historiadores del siglo XX le atribuyen un papel decisivo en la caída del comunismo y los historiadores de la Iglesia ven en su pontificado un impulso decisivo a la aplicación del Concilio Vaticano II.

Los decretos fueron autorizados por Benedicto XVI en la audiencia que concedió al arzobispo Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Este proceso fue explicado por el mismo Papa Joseph Ratzinger al recibir en audiencia a los superiores, oficiales, y colaboradores de la Congregación para las Causas de los Santos con motivo del cuadragésimo aniversario de la institución de este organismo vaticano.

"Las principales etapas del reconocimiento de la santidad por parte de la Iglesia, es decir, la beatificación y la canonización, están unidas entre sí por un vínculo de gran coherencia. A éstas se les añade, como indispensable fase preparatoria, la declaración de la heroicidad de las virtudes o del martirio de un siervo de Dios y la verificación de algún don extraordinario, un milagro, que el Señor concede por intercesión del siervo fiel", explicó el Papa.

"¡Cuanta sabiduría pedagógica se manifiesta en este camino!", aseguró.

Hablando del reconocimiento de las virtudes heroicas, explicó que "en un primer momento, se invita al Pueblo de Dios a contemplar a estos hermanos que, tras un cuidadoso discernimiento, son propuestos como modelos de vida cristiana".

Refiriéndose a la beatificación, explicó que con ese paso "se exhorta a dirigirles un culto de veneración y de invocación circunscrito en el ámbito de las Iglesias locales o de órdenes religiosas".

Por último, añadió, con la canonización, el pueblo cristiano "es llamado a exultar con toda la comunidad de los creyentes por la certeza de que, gracias a la solemne proclamación pontificia, un hijo o una hija suyos han alcanzado la gloria de Dios, donde participa en la perenne intercesión de Cristo a favor de los hermanos".

En este proceso, aclaró el pontífice, "la Iglesia acoge con alegría y maravilla los milagros que Dios, en su infinita bondad, le ofrece gratuitamente para confirmar la predicación evangélica. Acoge, al mismo tiempo, el testimonio de los mártires como la forma más límpida e intensa de configuración con Cristo".

La Iglesia, afirmó, realiza estos procesos pues, "en el camino de reconocimiento de la santidad, emerge la riqueza espiritual y pastoral que involucra a toda la comunidad cristiana".

"Es decir —concluyó—, la transfiguración de las personas y de las realidades humanas a imagen de Cristo resucitado representa el objetivo último del plan de salvación divina".