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sábado, 1 de septiembre de 2012

FALLECIMIENTO DEL CARDENAL MARTINI

El cardenal Carlo María Martini murió ayer, 31 de agosto a las 15.45, mientras dormía, en Gallarate, provincia de Varese, Italia. Tenía 85 años.

El arzobispo de Milán, cardenal Angelo Scola, comunicó personalmente la noticia del deceso. El cardenal Martini, enfermo desde hace tiempo de Parkinson, se hallaba en la enfermería del Aloisianum, el Instituto universitario de estudios filosóficos de la Compañía de Jesús en Gallarate. Sus condiciones habían empeorado repentinamente ayer por la tarde y Benedicto XVI, informado enseguida, se recogió en oración.

Una nota de la curia de Milán informa que el arzobispo, el consejo episcopal y el capítulo de la catedral acogerán el féretro del cardenal Martini en la catedral de Milán hoy sábado a las 12 horas.

Benedicto XVI ha dirigido un telegrama al cardenal Scola, arzobispo de Milán. En el mensaje, el Papa expresa su tristeza por la muerte del cardenal "tras larga enfermedad, vivida con ánimo sereno y con confiado abandono a la voluntad del Señor".

Benedicto XVI expresa a la comunidad diocesana y a sus familiares su "profunda participación en su dolor pensando con afecto en este querido hermano que sirvió generosamente al Evangelio y a la Iglesia".

Así mismo recuerda "con gratitud su entera obra apostólica profusa como celoso hijo espiritual de san Ignacio, experto docente, autorizado biblista y apreciado rector de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Pontificio Instituto Bíblico, así como diligente y sabio arzobispo de esta Archidiócesis Ambrosiana".

"Pienso también -añade el Papa- en el competente y férvido servicio prestado por él a la Palabra de Dios, abriendo siempre más a la comunidad eclesial los tesoros de la Sagrada Escritura, especialmente a través de la promoción de la Lectio Divina".

Por último, eleva fervientes oraciones al Señor para que "por intercesión de la beata Virgen María, acoja a este su fiel servidor e insigne pastor en la celeste Jerusalén" e imparte de corazón a cuantos lloran su desaparición la confortadora bendición apostólica.

Los funerales que se celebrarán el lunes 3 de septiembre a las 16 horas

miércoles, 29 de agosto de 2012

EL MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA

En este último miércoles de agosto, es la memoria litúrgica del martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús. En el calendario romano, es el único santo del cual se celebra tanto el nacimiento, 24 de junio, como la muerte producida a través del martirio.

En los evangelios se destaca muy bien su papel en relación con Jesús. En particular, san Lucas narra el nacimiento, la vida en el desierto, la predicación, y san Marcos nos habla de su trágica muerte en el Evangelio de hoy.

Juan el Bautista comenzó su predicación en el periodo del emperador Tiberio, en el año 27-28 d.c., y la clara invitación que dirige a las personas que acudían a escucharlo, es preparar el camino para acoger al Señor, para enderezar las sendas torcidas de la vida a través de un cambio radical del corazón (cf. Lc. 3, 4). Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión, sino que, reconociendo a Jesús como el "Cordero de Dios" que vino a quitar el pecado del mundo (Jn. 1, 29), tiene la profunda humildad de mostrar a Jesús como el verdadero Mensajero de Dios, haciéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido.

Como nota final, el Bautista testifica con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, o sin ceder o darle la espalda, cumpliendo hasta el final su misión. San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice: San Juan por [Cristo] dio su vida, a pesar de que no recibió la orden de renegar de Jesucristo, le fue ordenado solo callar la verdad. (Cf. Om 23:. CCL 122, 354). Y no calló la verdad y por eso murió por Cristo, quien es la Verdad. Justamente, por el amor a la verdad, no reduce su compromiso y no tiene temor a dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de Dios.

Vemos en esta gran figura, esta fuerza en la pasión, en la resistencia contra los poderosos. Preguntamos: ¿de dónde viene esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, gastada así completamente por Dios, y preparar el camino para Jesús? La respuesta es simple: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia.

Juan es el don divino por mucho tiempo invocado por sus padres, Zacarías e Isabel (cf. Lc. 1,13); un don inmenso, humanamente inesperado, porque ambos eran de edad avanzada y Isabel era estéril (cf. Lc. 1,7); pero nada es imposible para Dios (cf. Lc. 1,36). El anuncio de este nacimiento se produce en el lugar de la oración, en el templo de Jerusalén, es más, sucede cuando a Zacarías le toca el gran privilegio de entrar en el lugar santísimo del templo para quemar incienso al Señor (cf. Lc. 1, 8-20). También el nacimiento de Juan el Bautista estuvo marcado por la oración: el canto de gozo, de alabanza y de acción de gracias que Zacarías eleva al Señor, y que recitamos cada mañana en los Laudes, el "Benedictus", exalta la acción de Dios en la historia y muestra proféticamente la misión de su hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne, para preparar sus caminos (cf. Lc. 1,67-79). Toda la existencia del Precursor de Jesús es alimentada por una relación con Dios, especialmente el tiempo de permanencia en el desierto (cf. Lc. 1,80); las regiones desérticas que son lugar de la tentación, pero también es el lugar donde el hombre siente la propia pobreza, porque, debido a la falta de apoyo y seguridad material, comprende cómo el único punto de referencia sólido es Dios mismo. Pero Juan el Bautista no sólo es un hombre de oración, de contacto constante con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista Lucas, refiriéndose a la oración que Jesús enseña a sus discípulos, el "Padre Nuestro", narra que la solicitud viene hecha por los discípulos con estas palabras: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos" (cf. Lc. 11, 1).

Queridos hermanos y hermanas, celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de este tiempo, que no se puede descender a componendas con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana requiere, por así decirlo, el "martirio" de la fidelidad diaria al Evangelio, el valor para dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Cristo quien dirija nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto puede suceder en nuestras vidas solo si es sólida la relación con Dios.

La oración no es una pérdida de tiempo, no es robar espacio a las actividades, incluidas las apostólicas, sino es exactamente lo contrario: solo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, segura, Dios mismo nos dará la fuerza y la capacidad de vivir de un modo feliz y sereno, superar las dificultades y testimoniarlo con valor. San Juan Bautista interceda por nosotros, para que sepamos mantener siempre la primacía de Dios en nuestras vidas. Gracias.
(Benedicto XVI, Audiencia 29.08.2012)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ACOGER A LOS DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR

Aceprensa

El cardenal André-Joseph Léonard, arzobispo de Malinas-Bruselas, publica en el boletín diocesano Pastoralia (12-11-2011) un artículo sobre la necesidad de acoger en la Iglesia a los divorciados vueltos a casar, sin ocultar que su situación es incompatible con la comunión.

Si el fracaso conyugal en general da ya lugar a profundos sufrimientos, el problema de los divorciados vueltos a casar es quizá más delicado aún. En efecto, cualesquiera que sean las razones, a veces comprensibles, que les han llevado a contraer civilmente una nueva unión, su situación contradice objetivamente la indisolubilidad de la alianza querida por Cristo. En la estela de la misericordia evangélica, la Iglesia invita, sin embargo a sus miembros a ayudar a los divorciados vueltos a casar, a rodearles de mucha caridad a fin de que no se sientan separados de la Iglesia. En su exhortación apostólica sobre la familia cristiana, Juan Pablo II insistía mucho sobre este punto: “La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza” (Familiaris consortio, n. 84, 3).

Como todos los bautizados, los divorciados vueltos a casar pueden e incluso deben participar en la vida de la Iglesia bajo diversos aspectos. ¡No están de ninguna manera excomulgados! Sin embargo, evitarán solicitar las tareas que les pondrían en una delicada posición equívoca, como, por ejemplo, la enseñanza de la religión o la dirección de una escuela católica.

El problema más delicado que se plantea es el de su participación en la Eucaristía. En efecto, la Iglesia pide a los divorciados vueltos a casar que participen en la misa, pero se abstengan de comulgar el Cuerpo del Señor. La razón de esta actitud es conocida. Los divorciados vueltos a casar se encuentran en situación objetiva de ruptura con la nueva y eterna Alianza proclamada por el sacramento del matrimonio. ¿Cómo podrían, sin contradicción, proclamar al mismo tiempo esta misma Alianza nueva y eterna con la recepción del Cuerpo del Señor?

Esto choca a primera vista. Y es que, para la mentalidad actual, no es fácil adoptar un punto de vista “objetivo”. (...) Pero ¿qué sucedería si, en nombre de disposiciones subjetivas loables, la Iglesia olvidase la contradicción objetiva entre el casamiento después del divorcio y la Eucaristía? Haría incomprensible y vana la enseñanza de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio y desmovilizaría y desalentaría a los cristianos que se empeñan, al precio de grandes esfuerzos, por permanecer fieles a la alianza conyugal, incluso después de ser víctimas de una dolorosa traición.

Distinguir entre un “comportamiento” y una “situación”
Se objetará que hay otras situaciones en las que los cristianos violan la alianza con el Señor y sería mejor que no comulgaran. Esto es verdad. Muchos se escandalizan –y con razón– de ver comulgar a bautizados conocidos por un comportamiento moral, social, económico o político criticable. Por ejemplo, personas que cohabitan sin estar casados o personas deshonestas en los negocios, etc. (...)

Sin embargo, hay una diferencia entre la situación de los divorciados vueltos a casar y los casos mencionados antes, a saber, la distinción entre una situación objetiva duradera y un comportamiento. (...)

En el caso de los divorciados vueltos a casar, no se trata sólo de un “comportamiento” que podría cambiar de un día a otro; se trata de una “situación de hecho”, habitualmente destinada a durar.

Pidiendo a los divorciados vueltos a casar no comulgar, la Iglesia no se pronuncia sobre sus disposiciones interiores –que pueden ser excelentes–, sino que toma en consideración la contradicción duradera de su situación objetiva de alianza rota con el sacramento eucarístico de la Alianza. En suma, es imposible proclamar públicamente la Alianza por la comunión eucarística mientras se la niega públicamente por la infidelidad a la alianza conyugal tal y como Jesús la quiso.
Es de notar que la abstención de la comunión no se debe entender como una “sanción” por parte de la Iglesia. Son esos cristianos mismos los que se ponen en situación falsa respecto a la comunión con el Cuerpo del Señor al comprometerse en una unión civil (o un concubinato) que contradice la Alianza conyugal indisoluble. (...)

Otras fuentes de misericordia
¿Quiere esto decir que los divorciados vueltos a casar están privados de la gracia del Señor? De ninguna manera. La comunión eucarística es el medio habitual de comulgar con el amor de Jesús a nosotros. Pero Dios no tiene las manos atadas por los sacramentos de su amor. ¿Qué es en efecto comulgar sino reencontrarse con el amor crucificado del Señor y tener parte en sus frutos de vida? Los divorciados vueltos a casar son invitados a este reencuentro y a esta participación a través de su abstención de la comunión.

Lo mismo vale para el sacramento de la reconciliación. Esta puede ser concedida a los divorciados vueltos a casar que se arrepienten de haber violado la alianza y están dispuestos a adoptar una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Como, en numerosos casos, los divorciados vueltos a casar no pueden separarse, habida cuenta de la presencia de hijos, esto implicaría que decidan vivir en adelante como hermano y hermana, absteniéndose de los actos específicos de la unión conyugal.

Es claro que sólo los cristianos muy motivados, que llevan una vida espiritual intensa, pueden comprometerse en esta vía exigente. Los otros –que son la inmensa mayoría– no están privados por eso de la misericordia de Dios. Pues también aquí Dios no es prisionero de sus sacramentos. La confesión es, ciertamente, el camino normal de la reconciliación. Pero a los que no pueden recibir este sacramento en razón de su situación conyugal falsa, el Señor les reserva otras fuentes de perdón siempre que su corazón esté generosamente abierto a su gracia.

jueves, 1 de diciembre de 2011

EN EL DÍA MUNDIAL CONTRA EL SIDA: EL VATICANO PIDE EDUCAR EN LA FIDELIDAD CONYUGAL PARA LUCHAR CONTRA EL SIDA

El Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios del Vaticano ha publicado el mensaje con ocasión del Día Mundial contra el Sida en el que destaca que es "fundamental la formación y educación de todos" para promover "un estilo de vida que privilegie la abstinencia, la fidelidad conyugal y el rechazo a la promiscuidad sexual" para luchar contra el virus del Sida.


En este sentido, el dicasterio ha subrayado que este Día Mundial contra el Sida debe ser una ocasión para promover "la educación a estilos de vida que comprendan también un acercamiento correcto y responsable a la sexualidad" y "el acceso universal a las terapias por parte de los contagiados".


Así, el Vaticano ha recordado que el Papa, en la Exhortación Apostólica 'Africae Munus', subrayó que la formación de las nuevas generaciones en la abstinencia "forma parte de la cuestión del 'desarrollo integral' a la cual tienen derecho las personas y las comunidades".

Terapias adecuadas
Por otra parte, el dicasterio ha destacado que, "a pesar de que la comunidad internacional ha comenzado a comprometerse contra la infección hace más de 20 años", todavía "se estima que 1.800.000 personas mueren hoy a causa del virus".


Según ha precisado el Pontificio Consejo, estas personas "podrían llevar una vida normal, si tan sólo hubiera tenido acceso a las terapias farmacológicas adecuadas". El dicasterio ha declarado que estas muertes "no son justificables" al igual "que el dolor de sus familias, la pobreza de sus núcleos familiares, el crecimiento de su marginación y la angustia de los niños huérfanos".


Asimismo, ha señalado que también es "injustificable" la transmisión del virus "de la madre al niño, muchas veces víctima antes de comenzar a ver el mundo que le rodea".


El dicasterio ha agradecido también a "todos aquellos que se prodigan para ayudar" a los enfermos y que "trabajan en el sector de la sanidad" realizando "un trabajo maravilloso e importante" que merece "el apoyo operativo y sin vínculos ideológicos por parte de los organismos y benefactores internacionales".