jueves, 25 de agosto de 2011

EM-PAPA-DOS



Remedios Falaguera. ALMUDI. 22.08.2011

Permitidme que os recuerde –cada uno de vosotros sois conscientes de ello– que la vida es una gran aventura en la que no importa quién acumula más riqueza ni quién llega más lejos, sino quién ama más.



No tengo palabras para agradecer a los jóvenes participantes de la JMJ la extraordinaria lección que nos han dado estos días. No solo por vuestra alegría y fortaleza, por vuestro entusiasmo y generosidad, por vuestra capacidad de hacer del limón limonada; sino porque con vuestro saber estar nos habéis demostrado que la vida de fe, esperanza y buen hacer vale la pena. ¡Habéis estado a la altura de lo que se esperaba de vosotros! ¡Os habéis currado nuestro respeto!.
«Vuestra fuerza —como os dijo anoche Benedicto XVI con su sonrisa tierna y socarrona—, es mayor que la lluvia». Y añadió: «Conservad la llama (del Amor) que Dios ha encendido en vuestros corazones: procurad que no se apague, aunque vengan más lluvias… Dios saca bien de todo!».
Queridos jóvenes, permitidme que os recuerde, cada uno de vosotros sois conscientes de ello, que la vida es una gran aventura en la que no importa quién acumula más riqueza ni quién llega más lejos, sino quién ama más. La gente espera de vosotros que seáis hombres y mujeres fuertes, virtuosos, para luchar por cosas grandes, para mantenerse y resistir a todo tipo de presiones, con generosidad, justicia y prudencia. Sin miedo, sin temor, con coraje, y con mucha, muchísima alegría.
Sintiéndoos protagonistas de vuestra vida, y en parte, de la nuestra, y después de vivir a tope, como solo vosotros sabéis hacer, estas jornadas; volveréis a vuestros lugares de origen, rebosantes de fe, esperanza y amor con la que descubriréis la bondad del corazón humano.
Una nueva etapa empieza para cada uno de vosotros. «¡No os guardéis a Cristo para vosotros mismos!» os exhorta el Santo Padre, «No se puede seguir a Jesús en solitario».
¡Gracias por vuestro ejemplo! ¡Gracias a todos porque llenáis nuestro corazón de esperanza! No olvidéis nunca que vosotros sois el futuro de la Iglesia, de la familia, de la sociedad. El mañana está en vuestras manos. «Las cuentas sobre el hombre, como muy bien ha señalado el cardenal S. Rylko, sin Dios no cuadran». Os corresponde a vosotros dar testimonio de ello con vuestra vida cristiana, respondiendo con generosidad a lo que Dios quiere para cada uno de vosotros. ¿¡No defraudéis al Señor!.
Vuestra aventura, como esa perla preciosa de la que nos habla el Evangelio (Mt 13, 43-46), y por la que vale la pena dejarlo todo, es extraordinaria, es fantástica, es un privilegio. Lo expresa muy bien esta canción de Fondo Flamenco:


…Y es fantástico
Dar gracias cada día
Fantástico es dar sin recibir esperar
Vivir enamorado
Dejar el luego para luego
Y es fantásticoooo
Que nunca volveremos a vivir este momento
Y es fan-tas-ti-co
Vivir sin miedo
Sin peros
Sin escusas para quedarse en el suelo
Cuando too está oscuro
Se busca, se encuentra, un motivo
Se empieza de nuevo
Olvida tus pesadillas
Porque es fantástica esta vida.


¡Ánimo y adelante!

miércoles, 24 de agosto de 2011

UN ARTÍCULO ESPLÉNDIDO SOBRE LA JMJ 2011

Con su habitual estilo directo y claro, el profesor Fernández Perandones ha publicado en el periódico Información un artículo sobre la JMJ 2011 que no tiene desperdicio. Lo comparto con vosotros desde este blog.

APUNTES DE UN PEREGRINO


Acabo de llegar de Madrid. He asistido como coordinador (ya no soy tan joven) de un grupo de estudiantes de la enseñanza pública. Me lo pidieron, ya que he participado en jornadas mundiales anteriores. Pasó a transcribir algunos apuntes de mis impresiones y reflexiones.Primer apunte. Dicen que el actual papa no tiene el carisma del anterior. Sin embargo, sigue reuniendo multitudes. Y es que los peregrinos vamos a ver y a escuchar al sucesor de Pedro, no a Wojtyla o a Ratzinger. Nos mueve la fe, y no la atracción que nos pueda producir una personalidad concreta. Pensamos que, allí donde está Pedro, hay mucha gracia de Dios, y de hecho son muy numerosas las decisiones de entrega a los demás en los diversos caminos de vida consagrada o en medio del mundo.


Segundo apunte. La JMJ es un encuentro fundamentalmente espiritual. Uno de los momentos culminantes del acto de Cuatro Vientos fue la oración ante la Eucaristía, que como todo el mundo sabe, para un católico, es Jesucristo, el Hijo de Dios. Unos minutos antes, una lluvia huracanada nos hizo resguardar como pudimos bajo paraguas, plásticos improvisados. Pero llegó ese momento de esa oración intensa. La inmensa multitud se arrodilló y se produjo un silencio impenetrable. Delante de nosotros, había un grupo de guatemaltecos; detrás, un grupo de serbios con un sacerdote que les traducía. El aguacero amainó. Gente tan distinta, orando con la misma fe. Difícil de olvidar. El papa no busca un baño de multitudes ni hace política. Busca que nos encontremos con Cristo. Es nuestra mejor manera de servir a la sociedad, de darnos a los demás.


Tercer apunte. Universalidad de la Iglesia. El asistir a estas jornadas nos aleja de la tentación de empequeñecer el cristianismo. Católico significa universal. Estar muy por encima de pequeños problemas particulares de cada país, de culturas concretas con las que tiene que convivir. Qué distinto el catolicismo de mis abuelos con el de ese chico malayo con el que coincidí en el metro, y que lucía un prominente tatuaje. Distintos, sí, pero con la misma fe.


Cuarto apunte. La organización. Las JMJ fueron idea de Juan Pablo II. Al cabo de 20 ediciones han tomado una dimensión, digamos «planetaria». Se trata de un acontecimiento religioso, cultural y social de primer orden que ha tenido lugar en ciudades como Roma, Sídney, Denver, Colonia, Buenos Aires o Manila, y que no ha ido si no creciendo en número y en organización.En efecto, a los pocos días, todos mis amigos madrileños estaban «alucinados» por la inmensa marea de gente joven de todos los países, festiva, alegre y positiva, y con ganas de compartir su fe. Y, también, por qué no decirlo, un poco avergonzados del empeño de unos pocos radicales en reventar los actos. En ninguna de las ciudades citadas anteriormente hubo provocaciones de ese tipo. Y, por supuesto, todas se han volcado. Madrid no podía ser menos, si quiere algún día, por ejemplo, ser merecedora de otros acontecimientos de mayor calibre. Entre los miles y miles de jóvenes con los que me he cruzado, no he visto ni una mala cara, ni un mal gesto, y eso que hemos soportado 40 grados y una lluvia torrencial con aparato eléctrico incluido.


Quinto apunte. Los que utilizan la crisis económica o la hambruna que padece ahora el Cuerno de África para criticar el evento caen en la más barata demagogia. En primer lugar, porque, en 2008, cuando Madrid aceptó ser sede de la JMJ, las autoridades decían que no había crisis y que nos encontrábamos en la Champion League de la economía mundial. En segundo lugar, porque la referencia a Somalia se puede utilizar en cualquier evento. Puestos a ser demagogos: se podrían haber anulado las fiestas de Elche y la Nit de l'Albà y enviar ese dinero a Somalia; se podría haber cancelado la Supercopa de España, y ayudar así a la zona afectada. Podrían haberse ahorrado los millones de viajeros este verano sus vacaciones, y con ese dinero paliar la hambruna. En Madrid, la gente iba con lo puesto. No era un viaje precisamente de placer, y la meta para todos era la conversión personal para conseguir un mundo mejor.


La JMJ, en fin, ha sido una gran acontecimiento para los participantes y, pienso, una buena noticia para España y para Madrid, que aumenta su proyección como sede organizadora, ya que la logística de tan complicado acontecimiento ha sido resuelta de una manera notable. Los que hemos asistido, más que orgullo, tenemos responsabilidad de no defraudar la fe que profesamos y contribuir con los demás al progreso y a la justicia de la sociedad. Que Dios nos ayude en esta tarea.

lunes, 22 de agosto de 2011

ORACION DE CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES AL CORAZÓN DE JESÚS EN LA JMJ 2011

Señor Jesucristo,
Hermano, Amigo y Redentor del hombre, mira con amor a los jóvenes aquí reunidos
y abre para ellos la fuente eterna de tu misericordia,
que mana de tu Corazón abierto en la cruz.
Dóciles a tu llamada,
han venido para estar contigo y adorarte.
Con ardiente plegaria los consagro a tu Corazón
para que, arraigados y edificados en ti,
sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte.
Que jamás se aparten de ti!
Otórgales un corazón semejante al tuyo,
manso y humilde,
para que escuchen siempre tu voz y tus mandatos,
cumplan tu voluntad
y sean, en medio del mundo,
alabanza de tu gloria,
de modo que los hombres,
contemplando sus obras,
den gloria al Padre,
con quien vives, feliz para siempre,
en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén.

miércoles, 3 de agosto de 2011

LIBRO. SUPERFICIALES. ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO INTERNET CON NUESTRAS MENTES?



Nicholas Carr. Taurus. Madrid (2010). 344 págs. 19,50 €. Traducción: Pedro Cifuentes.
MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ DE LA NIETA. Aceprensa


Entender la cultura actual sin prestar atención al influjo de las nuevas tecnologías es desde hace años pretensión imposible. Internet cambia todo: economía, política, educación... y hasta el modo de conocer. Esta es la tesis que Nicholas Carr viene presentando desde hace tiempo, cuando publicó un sugerente y provocador artículo que tituló “¿Está Google volviéndonos tontos?” (cfr. Aceprensa, 1-07-2008). Este libro no es sino una documentada reafirmación de esa tesis.

El autor parte de una inquietante experiencia propia: la que sintió el día en el que él -licenciado en Letras y acostumbrado a sumergirse en la profundidad de textos escritos- comenzó a notar dificultad para concentrarse en un libro. De repente, después de una página o dos, su mente se disipaba, perdía el sosiego, el hilo. Algo pasaba en su cerebro.

Basándose en autorizadas voces de campos que van desde la neurología a la educación, Carr sostiene que la diaria entrega a las multitareas digitales está incidiendo de manera notoria en la manera de conocer de toda una generación. El pensamiento lineal entra en crisis. Se abre paso un mundo distraído, confundido, compulsivo y ansioso, que mientras premia lo rápido, eficiente y útil, se hace incapaz de concentrarse en una sola cosa; un mundo cultural herido en esas habilidades de reflexión y contemplación que conducen al pensamiento crítico y conceptual, dañado en la memoria a largo plazo y en la agilidad creativa.


Un precedente interesante de esta obra es el pequeño volumen del ensayista italiano Giovanni Sartori, Homo Videns. La sociedad teledirigida, quien no hacía sino constatar unos cambios que ahora Carr extiende a una nueva tecnología intelectual, la del escenario digital. Tanto Sartori como Carr son herederos de las ideas de McLuhan, para quien los medios no son solo canales de información. Proporcionan ciertamente la materia del pensamiento, pero también y sobre todo modelan el proceso de pensamiento.


“Y ahora llega Internet “, titulaba Sartori uno de los capítulos finales de su ensayo, sin apenas explayarse en el desarrollo del nuevo soporte. Pues bien: Internet ya está aquí, instalado en la cotidianeidad de la cultura. Y de analizar las consecuencias derivadas de este nuevo modo de aproximarse al conocimiento se encarga Carr en un libro que, como él mismo dice, es descriptivo y no de autoayuda. Abundan acertadas presentaciones de escenarios problemáticos para la adquisición de conocimientos. Desde luego, el libro es un buen diagnóstico. Pero escasean los tratamientos para aprovechar con acierto esta tecnología intelectual. Quizá baste uno concreto: su llamada a acotar a lo imprescindible la multitarea y primar la concentración particular en un quehacer exclusivo del momento.

martes, 26 de julio de 2011

NO TE RINDAS



25 julio 2011. Enrique Rojas. La Gaceta (Entrevista de C. Herrera)

Para el psiquiatra Enrique Rojas, lo importante es no tirar la toalla nunca. En tiempos de crisis, psiquiatra Enrique Rojas publica “No te rindas, una guía para aprender a ser optimista, aunque en ocasiones parezca imposible conseguirlo".

En tiempos de crisis, de desempleo e ‘indignados’, usted pide que no nos rindamos.

Las crisis bien entendidas son, en realidad, crisis de crecimiento, y la actual tiene un componente económico muy fuerte. Lo importante es no bajar la guardia. Tenemos que luchar contra viento y marea para no rendirnos. Esta es la clave.

Sus cuatro notas para la felicidad: amor, trabajo, cultura y amistad. Tenerlo todo parece imposible...
Para que una persona sea feliz hace falta que tenga un proyecto donde estén estas cuatro grandes notas. Pero el hombre es un animal descontento y la vida es deficitaria.

¿Podría ser el título de su libro un lema del movimiento 15-M?
No. El lema del libro viene del primer mandato de Tony Blair. El 15-M es un movimiento muy interesante de protesta. Tiene un fondo de indignación con relación al pasado, pero los veo desorientados. La protesta es buena, interesante y justa. Sin embargo, los noto perdidos y sin operatividad.

El suicidio es la primera causa externa de defunción. ¿Hay quien se rinde demasiado pronto?
Efectivamente. Para no rendirse daría tres consejos: ver siempre el lado positivo de todo, que lo tiene; tener una voluntad firme y sólida, y tener en la vida objetivos muy concretos.

Comenta que hay que perderle el miedo a la muerte, ¿cómo hacerlo?
La mejor fórmula es vivir intensamente y tener sentido espiritual. La vida para muchos se ha vuelto banal, intrascendente, plana, liviana, divertida y light. En este sentido, no me extraña que la gente tenga terror a la muerte. Si le quitamos el sentido espiritual a la vida, ocurre que tenemos una sociedad técnicamente muy perfecta, y humanamente muy perdida.

Suben también las muertes por demencias, sobre todo en mujeres. ¿Alguna explicación?
Estamos en la era de los psiquiatras. Los dos médicos que más han subido sus visitas en el mundo desarrollado son los psiquiatras y los cirujanos plásticos. El psiquiatra se ha convertido en el nuevo médico de cabecera. La sociedad está desestructurada, rota, a punto de saltar por los aires. La primera epidemia mundial ya no es el sida, ni la droga, ni las represiones, ni las grandes infecciones. Son las rupturas conyugales.

Habla de la hormona de la alegría, ¿dónde se esconde?
Me refiero a que hay un territorio biológico en el hombre donde se producen unas sustancias llamadas monoaminas biogénicas, culpables de que estemos mejor anímicamente. Pensar que la felicidad depende de una pastilla es una tontería. La felicidad consiste en estar contento con uno mismo, tener una personalidad sana y un proyecto de vida.

Le dedica un capítulo entero al amor. ¿Lo tenemos demasiado idealizado?
El amor es el primer argumento de la vida. Y el amor conyugal se ha convertido en un deporte de alto riesgo. La sociedad ha ido fabricando personas cada vez más endebles, más frágiles y livianas, con menos capacidad para amar y para sufrir. La gente cuando ahora habla del amor se echa a temblar, porque para estar bien con alguien hace falta estar menos bien con uno mismo.

¿Qué lecciones debemos sacar de la crisis?
Toda crisis debe ser una travesía para concienciarnos de la complejidad y riqueza de la vida. Es necesario que cada uno trabaje en su proyecto y en las cuatro claves para ser feliz.

viernes, 29 de abril de 2011

RECUERDOS DE JUAN PABLO II

El sábado 2 de abril del 2005, a las 21.37, Juan Pablo II entró en la casa del Padre. Aquella noche millones de seres humanos experimentamos un sentimiento contradictorio. Nos sentíamos a la vez más huérfanos y más acompañados. Más huérfanos, porque el Padre que durante años habíamos visto y oído, y que tanto había influido en nuestro crecimiento humano y cristiano, ya no estaba físicamente. Pero también nos sentíamos más acompañados, porque notábamos que, de alguna manera, no nos había dejado del todo. Notábamos que lo seguíamos teniendo, y ahora más cerca. La realidad de la «comunión de los santos» se percibía con más fuerza aquella noche de abril. Y muchos seguimos recordando la huella que este gran hombre ha dejado en nosotros.


La primera vez que me encontré personalmente con Juan Pablo II fue en el verano de 1980, durante una peregrinación a Roma. En aquella época, antes del atentado del 13 de mayo de 1981, el Papa no utilizaba el papamóvil para saludar a los peregrinos de la audiencia del miércoles, sino que lo hacía dirigiéndose hacia ellos a pie. Aquella tarde el Papa se detuvo conmigo unos minutos. Le regalé el libro que tenía entre mis manos (Amigos de Dios). Me habló en español. Me preguntó de dónde era y me bendijo. Entonces me di cuenta de que era verdad lo que él siempre repetía al comienzo de su pontificado: «Dios ama a cada ser humano». Me sentí querido de modo irrepetible por Dios a través de la figura de este hombre bueno. Fueron unos minutos pero bastaron para descubrir que en ese tiempo la única persona que le importaba al Papa era ese seminarista de 20 años que estaba delante de él.


Recuerdo la impresionante tarde que pasamos con el Papa en el Santiago Bernabeu en su primera visita a España, en el 1982. El estadio se volcó con el Papa. Todos cantábamos. Todos gritábamos: «Juan Pablo II te quiere todo el mundo», «Juan Pablo, amigo, España está contigo». El Papa nos entusiasmó a todos y él, que no tenía miedo de la juventud, nos señalo grandes retos, los “cuandos” que transformarán el mundo: «Cuando sabéis ser dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio al poder; cuando sois limpios de corazón entre quien juzga sólo en términos de sexo, de apariencia o hipocresía; cuando construís la paz, en un mundo de violencia y de guerra; cuando lucháis por la justicia ante la explotación del hombre por el hombre o de una nación por la otra; cuando con la misericordia generosa no buscáis la venganza, sino que llegáis a amar al enemigo; cuando, en medio del dolor y la dificultades, no perdéis la esperanza y la constancia en el bien, apoyados en el consuelo y ejemplo de Cristo y en el amor al hombre hermano. Entonces os convertís en transformadores eficaces y radicales del mundo y en constructores de la nueva civilización del amor, de la verdad, de la justicia, que Cristo trae como mensaje».


En noviembre de 1986 pude celebrar misa en la capilla privada del Papa. Éramos algo más de 30 concelebrantes. Llegamos a las 6.30 de la mañana a las dependencias del Santo Padre y pronto nos preparamos para la celebración. Entramos en silencio a la capilla, y el Papa estaba en oración profunda delante del Sagrario. Ni se movió. Había un gran silencio. De rodillas el Papa rezaba con la cabeza entre las manos. Después de un largo tiempo, se levantó y sin perder recogimiento, se revistió y empezó la celebración. Cada oración, cada gesto, era una ofrenda a Dios. No tenía prisa y gozaba con los momentos de silencio. Aquella eucaristía con el Papa me enseñó a celebrar la Santa Misa mejor que el más completo tratado teológico.


Primer sábado de febrero 1991. El día 16 de enero comenzó la guerra del Golfo. Yo vivía en Roma, muy cerca del Vaticano. Todos los primeros sábados de cada mes, si el Papa estaba en Roma, podíamos rezar con él el Santo Rosario. El Papa siempre saludaba a la gente al comenzar y al terminar esa oración mariana. Aquel sábado de febrero no lo hizo. No quería saludar a nadie. El motivo: estaba muy dolido por la guerra de Irak. Fue un Rosario intensamente vivido. Al Papa se le veía triste. Al final habló de la guerra, de la necesidad de oración, de pedir la paz. Y se me quedaron grabadas para siempre sus palabras: «Pidamos que los soldados que están en la guerra no se dejen llevar nunca por el odio al tener que cumplir con su misión».


Y por último, recuerdo aquel 30 de marzo del 2005. Desde su habitación quiso saludar a los peregrinos que se encontraban en la plaza de San Pedro, pero sus palabras no salieron de su boca. Lo intentó durante cuatro minutos. Pero no pudo hablar. Lo intentó, pero sólo un gesto de dolor y de impotencia marcaron su rostro. Él, que había sido un gran comunicador, el atleta de Dios, el montañero, el deportista, el que conectaba con la gente por sus gestos, ahora estaba mudo. No podía decir nada, sólo mover su mano temblorosa diciéndonos adiós. Se había dado completamente a Dios, y la ofrenda tenía que llegar hasta el final. En aquella ventana Juan Pablo II se me mostró como el hombre más fuerte que había sobre la tierra. Estaba dando el último testimonio de coraje, porque estaba allí luchando por ser fiel a su entrega hasta el final. Quería cumplir plenamente el encargo recibido por Dios. Para muchos era un anciano, para mí y para millones de personas en todo el mundo ya empezaba a ser un eterno joven, con la eternidad y la juventud que da el ser poseído completamente por Jesucristo, el Alfa y la Omega, el Señor del Cosmos y de la Historia.


Este domingo, 1 de mayo, Juan Pablo II será beatificado por Benedicto XVI. ¡Demos gracias a Dios!

miércoles, 27 de abril de 2011

UN POSTRE TÍPICO DE ESPAÑA

Esta es una anécdota histórica de Juan Pablo II en su primer viaje a España. Tras una comida, pidió a quienes estaban con él que le trajeran el postre más típico que hay en España.

Se pusieron a pensar y le ofrecieron los que pensaron que eran los postres más típicos. ¿Torrijas? No, no. ¿Crema catalana? No, no. ¿Arroz con leche? Nada. Ninguno era el postre "más típico" que había en España.

Tras un buen tiempo intentándolo, al final el Papa dijo la respuesta: "De postre quiero una buena siesta española"...

jueves, 14 de abril de 2011

RELATOS DE LA PASIÓN. EL BORRIQUILLO DEL DOMINGO DE RAMOS


Por José María Pemán


El pueblecito de Betfagé, que quiere decir «casa de los higos», era considerado como un arrabal o suburbio de Jerusalén. Allí fue donde aquella mañana los discípulos de Jesús llegaron, sin previo aviso, y se pusieron a desatar, tan tranquilos, un borriquillo que estaba en una granja, amarrado junto a su madre. La lentitud convincente con que cumplían la orden del Maestro no se parecía en nada al apresuramiento cauteloso de unos ladrones. Por eso el dueño del borriquillo se quedó satisfecho cuando, ante su pregunta, le respondieron los discípulos: «El Señor nos ha mandado que lo hagamos así». Todavía andaba bastante esfumada y confusa la idea mesiánica. No creo que ni el granjero al interrogar, ni al contestar los ejecutantes, se apoyarían en una concepción. clara de que «el Señor» podía disponer de todas las cosas con la divina autoridad de Dueño y Creador. Mandar desatar un borriquillo era una nadería para el que, cada mañana, hacía salir el Sol. Pero es seguro que nada de esto, tan sabido y teológico, anduvo flotando en el aire de la sencilla escena aldeana que, sin duda, sería encajada por sus protagonistas dentro del esquema del Mesías político, temporal y poderoso, que todos tenían en la cabeza. Aquello debió de consumarse como un acto de «requisa» o expropiación forzosa.

Ni tampoco debió alejarse de ese croquis temporal del mesianismo caudillista el hecho de ser un borriquillo el animal requisado y escogido para la posterior escenografía de la entrada en Jerusalén. Ya he escrito alguna vez que hay una cierta lectura proletaria y casi tremendista del Evangelio, que proyecta sobre él ejemplaridades posteriores y un tanto anacrónicas. El Evangelio no está escrito por Dostoyewsky. Probablemente ni la gruta de Belén, que acaso era una sucursal del khan, hotel o caravanera de Belén, era tan estabular y lóbrega, ni la carpintería de Nazareth tan insuficiente. Ni, desde luego, el asnillo escogido para entrar en Jerusalén tenía tan especial significado metafórico de humildad. En el libro bíblico de los Números se ve claramente que el burro era, en Palestina, la cabalgadura de los personajes notables. Luego, el burro ha sido desvalorizado, seguramente porque es sufrido y paciente, y el hombre tiende al abuso y menosprecio de todo lo que no le hace resistencia. Al caballo lo adula porque lo desmonta con facilidad. Pero es mentira que el burro sea tan burro como creemos. El burro es inteligente, obediente, resignado. Si se le mira con atención, tiene una de las fisonomías más bondadosas y simpáticas del mundo animal. El caballo tiene agilidad, velocidades y vistosidades estéticas muy al uso de emperadores, tiranos y conquistadores. Pero el filósofo o el pensador que muchas veces, a la larga, tiene más razón que el político, tiene, casi siempre, dulce cara de burro.

Creo que el burro fue, aquel domingo ostentoso y teatral, el personaje más comprensivo y reticente: el que estaba en más desengañada convivencia con el Divino jinete que transportaba. Los demás, hasta los apóstoles y discípulos, trataban de componer una estampa absolutamente nacionalista. El Señor lo sabía, y al mandar por el asno, lujo de los poderosos de Israel, coadyuvaba, casi irónicamente, al gran contraste y desengaño que se perfilaba frente a la Historia. Porque le iban a hacer «desfilar», «entrar»: una de las operaciones espectaculares y políticas más usaderas y perturbadoras de la Historia. Parece mentira, pero una de las cosas que más desvanecen y marean a los mortales es esta de «pasar» unos delante de otros. Pocos años después del Domingo de Ramos nos va a describir Josefo, un judío «colaboracionista», la entrada, parecida, de Tito Vespasiano en Jerusalén: y toda la historia romana es un continuo esforzarse y poner la vida en peligro para sentirse pagado con dos horas de desfile. Todavía en nuestro disminuido mundo de hoy hay muchos cargos -ministerios, direcciones, jefaturas- que compensan las angustias y fatigas de sus agotadoras jornadas, con el solo minuto de cruzar el antedespacho ante una expectación diaria de ujieres y de timbres.

El borriquillo, estoy seguro, sería el único que parecería darse cuenta de la desilusionante verdad. El burro es el único animal que sonríe, o lo parece por lo menos. Sus ojos suelen tener un parpadeo entre soñoliento y malicioso. Estoy seguro que él marchaba aquel domingo sin entrar, como los caballos de sangre, en complicidad con la ruidosa escena. El burro tiene marcha resignada de «devenir», de evolución, de historia...

Sólo su jinete iba resueltamente más allá que él, hundiendo su previsión en toda la hondura del suceso. Jesús, al trasmontar la loma y aparecer Jerusalén, lloró sobre la ciudad. Jesús sabía de la otra entrada y el otro desfile de Tito; como sabía de su otro próximo desfile del viernes por la calle de la Amargura. Los pocos días que le quedaban hasta el prendimiento y desenlace los iba a utilizar en parábolas y predicaciones, cuya angustia no ha igualado ningún existencialista moderno: tendería su mano, con sed de su carne azucarada, a la higuera, y ésta le negaría sus higos, porque para los prudentes nunca es todavía la hora de dar fruto; haría su gran discurso escatológico, tremendo como una página renovada del Testamento Antiguo. Haría el papel de un poeta en medio de un mundillo atareado de política. Porque política era todo lo demás. Los discípulos, que andaban esperando que muy pronto el asnillo se convertiría en caballo y las palmas y olivos en lanzas y machetes. Los fariseos, que iban y venían conspirando: calculando que no bastaría con matar a Jesús, que habría que matar también a Lázaro, testigo de su mayor prodigio. Es lo de siempre. Como en Argel, como en Hungría, las muertes se enredan unas a otras, como rabos de cereza, cuando el hombre quiere hacer orgullosamente demasiada historia. Acaso, únicamente algún refinado romano, ajeno a todo aquel mecanismo de pasiones, acertaría a medias, por alguna callejuela contigua. Oiría el tumulto y diría a su amiga: Bah... ¡una manifestación!

Porque, en su realidad externa y física, aquello no era mucho más: una manifestación; un desfile; eso que aparece y desaparece constantemente en la Historia como un oleaje de vanidad. Es seguro que, por arriba y por abajo del río intermedio de la manifestación, sólo se quedaban fuera del engaño, Jesús, que lloraba sobre el porvenir, y el borriquillo, que transportaba el porvenir dócilmente, con cara sonriente y neutral de filósofo o de historiador.

martes, 12 de abril de 2011

SEMANA SANTA 2011 EN LA PARROQUIA DE EL SALVADOR


DOMINGO DE RAMOS

10.30. Bendición de las Palmas, procesión y Santa Misa (se suprime la Misa de las 11.15)

19.30. Santa Misa y Procesión del “Ecce Homo”.


LUNES SANTO

19.30. Santa Misa y Procesión del Cristo de la Columna y María Santísima de la Victoria.


MARTES SANTO

19.00. Santa Misa y Procesión de la Oración del Calvario.


MIÉRCOLES SANTO

12.00. Llevar la Sagrada Comunión a los Enfermos.

19.30. Santa Misa y Procesión de Ntra. Sra. De los Dolores.


JUEVES SANTO

18.00. Santa Misa “IN COENA DOMINI” y Procesión de María Santísima de la Esperanza y el Santísimo Cristo de la Fe.

22.00. Hora Santa ante el Monumento.


VIERNES SANTO

9.30. Laudes

10.00. Solemne Vía Crucis.

18.00. Santos Oficios de la Pasión y Muerte de Cristo.


SÁBADO SANTO

9.30. Laudes

10.00. Vía Matris

22.00. Solemne Vigilia Pascual.


DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Se suprime la Misa de 9

Tarde: 19.30 Misa por las víctimas del terrorismo


HORARIO DE CONFESIONES PARA LA SEMANA SANTA Mañanas: miércoles, jueves y viernes, de 11.00 a 12.00 Tardes: lunes, martes y miércoles, de 18.00 a 19.30

lunes, 11 de abril de 2011

LA INSATISFACCIÓN DE UNA SOCIEDAD OBSESIONADA CON LA FELICIDAD


Aceprensa. Fuente: City Journal Fecha: 28 Marzo 2011

El ensayista francés Pascal Bruckner, autor de obras como La tentación de la inocencia, rastrea la génesis de las ideas contemporáneas sobre la felicidad y sostiene que, paradójicamente, la sociedad que ha dado más importancia a la felicidad individual es la que cuenta con un porcentaje importante de insatisfechos e infelices. Como Bruckner dice también en su libro La euforia perpetua, a partir del siglo XVIII se generalizó una nueva concepción de la felicidad. En su desarrollo estuvo implicada la ciencia y la técnica, que consagraron una visión optimista del progreso: “De repente –escribe en City Journal– este mundo ya no estaba condenado más a ser un valle de lágrimas; el hombre ahora tenía el poder de reducir el hambre, aliviar la enfermedad y dominar mejor su futuro”. La filosofía ilustrada canalizó esta actitud al considerar la tierra como un paraíso.

La Ilustración dio al hombre confianza para poder conseguir por sí mismo la felicidad; de ahí la importancia de la educación y de la política, porque se pensaba que la sociedad tenía la capacidad de eliminar todo el sufrimiento. Estas ideas se consolidaron a lo largo del siglo XIX y en gran parte del siglo XX. Sin embargo, a juicio de Bruckner, en la década de los sesenta del pasado siglo se produjeron dos fenómenos importantes: la generalización del consumismo, gracias al crédito, y el individualismo; ambos terminaron transformando el presunto “derecho a la felicidad” del que hablaba la Ilustración en un “deber de ser felices”, como parece ocurrir en la sociedad de masas.


Una felicidad que se puede comprar

El capitalismo, señala Bruckner, alentó el consumo y éste se concibió pronto como el medio de asegurar la satisfacción de todas las necesidades. Los nuevos instrumentos de crédito adquirieron entonces un papel determinante porque hicieron posible la realización de los deseos sin pensar en las contraprestaciones. En una época anterior “cualquier persona que quería comprar un coche, algunos muebles o una casa seguían un regla que ahora parece casi desconocida: esperaban, ahorrando sus monedas de cinco y diez centavos. Pero el crédito lo cambió todo; la frustración se hizo insoportable”. Con la nueva mentalidad, lo importante era vivir el presente y pagar más adelante. Como Bruckner recuerda, esta manera de actuar ha sido una de las causas de la crisis financiera.

Por su parte, desde una perspectiva individualista, la felicidad la tiene que buscar uno mismo, de forma que la insatisfacción es responsabilidad exclusiva del individuo. “Si no me siento feliz, no puedo culpar a nadie más que a mí mismo”. Esto explica, a juicio de Bruckner, la proliferación de industrias relacionadas con la realización personal, que desde “la cirugía estética hasta las píldoras dietéticas, prometen reconciliarnos con nosotros mismos y realizar nuestro potencial”.

Pero si el hombre está condenado a ser feliz, entonces cualquier atisbo de infelicidad se convierte en una especie de enfermedad; los insatisfechos terminan viéndose como inadaptados. “Es obligatorio ser feliz” y quien no lo es no ha sabido sacar partido de todas las oportunidades que se le ofrecen. “Hemos de creer –continúa el pensador francés– que la voluntad puede fácilmente establecer su poder sobre los estados mentales, regular los estados de ánimo, y hacer de la satisfacción el resultado de una decisión personal”.


Obsesiones insanas

Para Bruckner “el culto occidental de la felicidad es (…) algo así como una intoxicación colectiva”. Y adquiere también rasgos obsesivos, como los que se descubren en la excesiva preocupación por la salud, rasero por el que se enjuician hoy la mayoría de las cosas: “En la comida, por ejemplo, no se distingue lo bueno de lo malo, sino lo saludable y lo no saludable. Lo apropiado prevalece sobre el sabor (…) La mesa de la cena se convierte en un mostrador de farmacia donde se pesan la grasa y las calorías (…) El vino debe ser bebido no por su sabor, sino para fortalecer las arterias”.

Es irónico que la sociedad que ha decretado la felicidad general sea también la que se encuentra más sometida a la regulación minuciosa de las conductas. Además, vincular la felicidad a una decisión personal y a las sensaciones subjetivas es un círculo vicioso porque, como refiere Bruckner, la preocupación por uno mismo no tiene fin: “Nunca se es suficientemente delgado, nunca se está suficientemente en forma, nunca se es lo suficientemente fuerte. La salud tiene sus mártires (…) La enfermedad y la salud se vuelven más difíciles de distinguir, hasta el punto de que corremos el riesgo de crear una sociedad de hipocondríacos”.

La obsesión por ser felices ha terminado formando una sociedad ansiosa, estresada, obligada a perseguir frenéticamente sus propios fantasmas. El hedonismo termina, pues, siendo enfermizo y se encuentra acosado por su propio fracaso, ya que, pese a todo, “la edad deja su marca, la enfermedad nos encuentra de una manera o de otra, siguiendo un ritmo que no tiene nada que ver con nuestra vigilancia ni con nuestra resolución”.

“Somos probablemente –concluye Bruckner– la primera sociedad en la historia que hace a la gente infeliz por no ser feliz”. Frente a esta situación, el pensador francés insta a reconocer que “no somos dueños de las fuentes de la felicidad” y que nuestra propia finitud debería llevarnos a ejercer “una humildad renovada”. Aunque tenemos la posibilidad de aliviar ciertos males –y es preciso luchar contra ellos– no podemos seguir concibiendo la felicidad como “quien encarga comida en un restaurante”.