jueves, 14 de abril de 2011

RELATOS DE LA PASIÓN. EL BORRIQUILLO DEL DOMINGO DE RAMOS


Por José María Pemán


El pueblecito de Betfagé, que quiere decir «casa de los higos», era considerado como un arrabal o suburbio de Jerusalén. Allí fue donde aquella mañana los discípulos de Jesús llegaron, sin previo aviso, y se pusieron a desatar, tan tranquilos, un borriquillo que estaba en una granja, amarrado junto a su madre. La lentitud convincente con que cumplían la orden del Maestro no se parecía en nada al apresuramiento cauteloso de unos ladrones. Por eso el dueño del borriquillo se quedó satisfecho cuando, ante su pregunta, le respondieron los discípulos: «El Señor nos ha mandado que lo hagamos así». Todavía andaba bastante esfumada y confusa la idea mesiánica. No creo que ni el granjero al interrogar, ni al contestar los ejecutantes, se apoyarían en una concepción. clara de que «el Señor» podía disponer de todas las cosas con la divina autoridad de Dueño y Creador. Mandar desatar un borriquillo era una nadería para el que, cada mañana, hacía salir el Sol. Pero es seguro que nada de esto, tan sabido y teológico, anduvo flotando en el aire de la sencilla escena aldeana que, sin duda, sería encajada por sus protagonistas dentro del esquema del Mesías político, temporal y poderoso, que todos tenían en la cabeza. Aquello debió de consumarse como un acto de «requisa» o expropiación forzosa.

Ni tampoco debió alejarse de ese croquis temporal del mesianismo caudillista el hecho de ser un borriquillo el animal requisado y escogido para la posterior escenografía de la entrada en Jerusalén. Ya he escrito alguna vez que hay una cierta lectura proletaria y casi tremendista del Evangelio, que proyecta sobre él ejemplaridades posteriores y un tanto anacrónicas. El Evangelio no está escrito por Dostoyewsky. Probablemente ni la gruta de Belén, que acaso era una sucursal del khan, hotel o caravanera de Belén, era tan estabular y lóbrega, ni la carpintería de Nazareth tan insuficiente. Ni, desde luego, el asnillo escogido para entrar en Jerusalén tenía tan especial significado metafórico de humildad. En el libro bíblico de los Números se ve claramente que el burro era, en Palestina, la cabalgadura de los personajes notables. Luego, el burro ha sido desvalorizado, seguramente porque es sufrido y paciente, y el hombre tiende al abuso y menosprecio de todo lo que no le hace resistencia. Al caballo lo adula porque lo desmonta con facilidad. Pero es mentira que el burro sea tan burro como creemos. El burro es inteligente, obediente, resignado. Si se le mira con atención, tiene una de las fisonomías más bondadosas y simpáticas del mundo animal. El caballo tiene agilidad, velocidades y vistosidades estéticas muy al uso de emperadores, tiranos y conquistadores. Pero el filósofo o el pensador que muchas veces, a la larga, tiene más razón que el político, tiene, casi siempre, dulce cara de burro.

Creo que el burro fue, aquel domingo ostentoso y teatral, el personaje más comprensivo y reticente: el que estaba en más desengañada convivencia con el Divino jinete que transportaba. Los demás, hasta los apóstoles y discípulos, trataban de componer una estampa absolutamente nacionalista. El Señor lo sabía, y al mandar por el asno, lujo de los poderosos de Israel, coadyuvaba, casi irónicamente, al gran contraste y desengaño que se perfilaba frente a la Historia. Porque le iban a hacer «desfilar», «entrar»: una de las operaciones espectaculares y políticas más usaderas y perturbadoras de la Historia. Parece mentira, pero una de las cosas que más desvanecen y marean a los mortales es esta de «pasar» unos delante de otros. Pocos años después del Domingo de Ramos nos va a describir Josefo, un judío «colaboracionista», la entrada, parecida, de Tito Vespasiano en Jerusalén: y toda la historia romana es un continuo esforzarse y poner la vida en peligro para sentirse pagado con dos horas de desfile. Todavía en nuestro disminuido mundo de hoy hay muchos cargos -ministerios, direcciones, jefaturas- que compensan las angustias y fatigas de sus agotadoras jornadas, con el solo minuto de cruzar el antedespacho ante una expectación diaria de ujieres y de timbres.

El borriquillo, estoy seguro, sería el único que parecería darse cuenta de la desilusionante verdad. El burro es el único animal que sonríe, o lo parece por lo menos. Sus ojos suelen tener un parpadeo entre soñoliento y malicioso. Estoy seguro que él marchaba aquel domingo sin entrar, como los caballos de sangre, en complicidad con la ruidosa escena. El burro tiene marcha resignada de «devenir», de evolución, de historia...

Sólo su jinete iba resueltamente más allá que él, hundiendo su previsión en toda la hondura del suceso. Jesús, al trasmontar la loma y aparecer Jerusalén, lloró sobre la ciudad. Jesús sabía de la otra entrada y el otro desfile de Tito; como sabía de su otro próximo desfile del viernes por la calle de la Amargura. Los pocos días que le quedaban hasta el prendimiento y desenlace los iba a utilizar en parábolas y predicaciones, cuya angustia no ha igualado ningún existencialista moderno: tendería su mano, con sed de su carne azucarada, a la higuera, y ésta le negaría sus higos, porque para los prudentes nunca es todavía la hora de dar fruto; haría su gran discurso escatológico, tremendo como una página renovada del Testamento Antiguo. Haría el papel de un poeta en medio de un mundillo atareado de política. Porque política era todo lo demás. Los discípulos, que andaban esperando que muy pronto el asnillo se convertiría en caballo y las palmas y olivos en lanzas y machetes. Los fariseos, que iban y venían conspirando: calculando que no bastaría con matar a Jesús, que habría que matar también a Lázaro, testigo de su mayor prodigio. Es lo de siempre. Como en Argel, como en Hungría, las muertes se enredan unas a otras, como rabos de cereza, cuando el hombre quiere hacer orgullosamente demasiada historia. Acaso, únicamente algún refinado romano, ajeno a todo aquel mecanismo de pasiones, acertaría a medias, por alguna callejuela contigua. Oiría el tumulto y diría a su amiga: Bah... ¡una manifestación!

Porque, en su realidad externa y física, aquello no era mucho más: una manifestación; un desfile; eso que aparece y desaparece constantemente en la Historia como un oleaje de vanidad. Es seguro que, por arriba y por abajo del río intermedio de la manifestación, sólo se quedaban fuera del engaño, Jesús, que lloraba sobre el porvenir, y el borriquillo, que transportaba el porvenir dócilmente, con cara sonriente y neutral de filósofo o de historiador.

martes, 12 de abril de 2011

SEMANA SANTA 2011 EN LA PARROQUIA DE EL SALVADOR


DOMINGO DE RAMOS

10.30. Bendición de las Palmas, procesión y Santa Misa (se suprime la Misa de las 11.15)

19.30. Santa Misa y Procesión del “Ecce Homo”.


LUNES SANTO

19.30. Santa Misa y Procesión del Cristo de la Columna y María Santísima de la Victoria.


MARTES SANTO

19.00. Santa Misa y Procesión de la Oración del Calvario.


MIÉRCOLES SANTO

12.00. Llevar la Sagrada Comunión a los Enfermos.

19.30. Santa Misa y Procesión de Ntra. Sra. De los Dolores.


JUEVES SANTO

18.00. Santa Misa “IN COENA DOMINI” y Procesión de María Santísima de la Esperanza y el Santísimo Cristo de la Fe.

22.00. Hora Santa ante el Monumento.


VIERNES SANTO

9.30. Laudes

10.00. Solemne Vía Crucis.

18.00. Santos Oficios de la Pasión y Muerte de Cristo.


SÁBADO SANTO

9.30. Laudes

10.00. Vía Matris

22.00. Solemne Vigilia Pascual.


DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Se suprime la Misa de 9

Tarde: 19.30 Misa por las víctimas del terrorismo


HORARIO DE CONFESIONES PARA LA SEMANA SANTA Mañanas: miércoles, jueves y viernes, de 11.00 a 12.00 Tardes: lunes, martes y miércoles, de 18.00 a 19.30

lunes, 11 de abril de 2011

LA INSATISFACCIÓN DE UNA SOCIEDAD OBSESIONADA CON LA FELICIDAD


Aceprensa. Fuente: City Journal Fecha: 28 Marzo 2011

El ensayista francés Pascal Bruckner, autor de obras como La tentación de la inocencia, rastrea la génesis de las ideas contemporáneas sobre la felicidad y sostiene que, paradójicamente, la sociedad que ha dado más importancia a la felicidad individual es la que cuenta con un porcentaje importante de insatisfechos e infelices. Como Bruckner dice también en su libro La euforia perpetua, a partir del siglo XVIII se generalizó una nueva concepción de la felicidad. En su desarrollo estuvo implicada la ciencia y la técnica, que consagraron una visión optimista del progreso: “De repente –escribe en City Journal– este mundo ya no estaba condenado más a ser un valle de lágrimas; el hombre ahora tenía el poder de reducir el hambre, aliviar la enfermedad y dominar mejor su futuro”. La filosofía ilustrada canalizó esta actitud al considerar la tierra como un paraíso.

La Ilustración dio al hombre confianza para poder conseguir por sí mismo la felicidad; de ahí la importancia de la educación y de la política, porque se pensaba que la sociedad tenía la capacidad de eliminar todo el sufrimiento. Estas ideas se consolidaron a lo largo del siglo XIX y en gran parte del siglo XX. Sin embargo, a juicio de Bruckner, en la década de los sesenta del pasado siglo se produjeron dos fenómenos importantes: la generalización del consumismo, gracias al crédito, y el individualismo; ambos terminaron transformando el presunto “derecho a la felicidad” del que hablaba la Ilustración en un “deber de ser felices”, como parece ocurrir en la sociedad de masas.


Una felicidad que se puede comprar

El capitalismo, señala Bruckner, alentó el consumo y éste se concibió pronto como el medio de asegurar la satisfacción de todas las necesidades. Los nuevos instrumentos de crédito adquirieron entonces un papel determinante porque hicieron posible la realización de los deseos sin pensar en las contraprestaciones. En una época anterior “cualquier persona que quería comprar un coche, algunos muebles o una casa seguían un regla que ahora parece casi desconocida: esperaban, ahorrando sus monedas de cinco y diez centavos. Pero el crédito lo cambió todo; la frustración se hizo insoportable”. Con la nueva mentalidad, lo importante era vivir el presente y pagar más adelante. Como Bruckner recuerda, esta manera de actuar ha sido una de las causas de la crisis financiera.

Por su parte, desde una perspectiva individualista, la felicidad la tiene que buscar uno mismo, de forma que la insatisfacción es responsabilidad exclusiva del individuo. “Si no me siento feliz, no puedo culpar a nadie más que a mí mismo”. Esto explica, a juicio de Bruckner, la proliferación de industrias relacionadas con la realización personal, que desde “la cirugía estética hasta las píldoras dietéticas, prometen reconciliarnos con nosotros mismos y realizar nuestro potencial”.

Pero si el hombre está condenado a ser feliz, entonces cualquier atisbo de infelicidad se convierte en una especie de enfermedad; los insatisfechos terminan viéndose como inadaptados. “Es obligatorio ser feliz” y quien no lo es no ha sabido sacar partido de todas las oportunidades que se le ofrecen. “Hemos de creer –continúa el pensador francés– que la voluntad puede fácilmente establecer su poder sobre los estados mentales, regular los estados de ánimo, y hacer de la satisfacción el resultado de una decisión personal”.


Obsesiones insanas

Para Bruckner “el culto occidental de la felicidad es (…) algo así como una intoxicación colectiva”. Y adquiere también rasgos obsesivos, como los que se descubren en la excesiva preocupación por la salud, rasero por el que se enjuician hoy la mayoría de las cosas: “En la comida, por ejemplo, no se distingue lo bueno de lo malo, sino lo saludable y lo no saludable. Lo apropiado prevalece sobre el sabor (…) La mesa de la cena se convierte en un mostrador de farmacia donde se pesan la grasa y las calorías (…) El vino debe ser bebido no por su sabor, sino para fortalecer las arterias”.

Es irónico que la sociedad que ha decretado la felicidad general sea también la que se encuentra más sometida a la regulación minuciosa de las conductas. Además, vincular la felicidad a una decisión personal y a las sensaciones subjetivas es un círculo vicioso porque, como refiere Bruckner, la preocupación por uno mismo no tiene fin: “Nunca se es suficientemente delgado, nunca se está suficientemente en forma, nunca se es lo suficientemente fuerte. La salud tiene sus mártires (…) La enfermedad y la salud se vuelven más difíciles de distinguir, hasta el punto de que corremos el riesgo de crear una sociedad de hipocondríacos”.

La obsesión por ser felices ha terminado formando una sociedad ansiosa, estresada, obligada a perseguir frenéticamente sus propios fantasmas. El hedonismo termina, pues, siendo enfermizo y se encuentra acosado por su propio fracaso, ya que, pese a todo, “la edad deja su marca, la enfermedad nos encuentra de una manera o de otra, siguiendo un ritmo que no tiene nada que ver con nuestra vigilancia ni con nuestra resolución”.

“Somos probablemente –concluye Bruckner– la primera sociedad en la historia que hace a la gente infeliz por no ser feliz”. Frente a esta situación, el pensador francés insta a reconocer que “no somos dueños de las fuentes de la felicidad” y que nuestra propia finitud debería llevarnos a ejercer “una humildad renovada”. Aunque tenemos la posibilidad de aliviar ciertos males –y es preciso luchar contra ellos– no podemos seguir concibiendo la felicidad como “quien encarga comida en un restaurante”.

lunes, 10 de enero de 2011

CIEN MILLONES DE CRISTIANOS PERSEGUIDOS

La organización Open Doors señala que unos 100 millones de cristianos de 50 países son perseguidos por su fe.

"Mubarak, la sangre de los coptos no es barata", protestaban cristianos furibundos delante de la catedral de El Cairo, en los estrechos callejones de Alejandría y en varios pueblos del norte de EGIPTO, después del atentado terrorista en la noche de Año Nuevo, que costó la vida a 21 fieles en Alejandría.

Aunque el riesgo al que se enfrentan los coptos egipcios no es todavía equiparable a la situación de los cristianos en Irak, la tendencia es la misma. El número de emigrantes en ambos países es bastante alto en comparación con otros lugares donde, cada vez con más frecuencia, quienes profesan esta religión temen por sus vidas.

En IRAK, y desde el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein, en 2003, los cristianos iraquíes sufren cada vez más la persecución. El dramático agravamiento de la situación hace que el número de cristianos caldeos en el país mesopotámico se haya reducido a más de la mitad, de 1,2 millones a menos de 600.000. El pasado octubre murieron 60 fieles a causa del derrumbamiento de una iglesia de Bagdad por parte de extremistas islámicos.

Mientras, en NIGERIA, cristianos y musulmanes constituyen a partes iguales las principales religiones. Estas Navidades, sangrientos ataques contra cristianos causaron 80 muertos.

Según el índice de persecución mundial de Open Doors (2010), la situación en COREA DEL NORTE es con diferencia la peor. El régimen comunista arremete contra los miembros de las comunidades clandestinas, que forman unas 200.000 personas, con "detenciones y penas de trabajos forzados o ejecuciones para las familias en las que se descubra un cristiano". Unos 70.000 cristianos norcoreanos están actualmente presos.

Se estima que en TURQUÍA viven unos 100.000 cristianos, pero no hay datos oficiales. La mayoría son de fe ortodoxa. Las iglesias no tienen estatus jurídico y la formación de sacerdotes está prohibida.

Por su parte, en ARABIA SAUDÍ la práctica del cristianismo, incluso la posesión de una Biblia o un crucifijo, está estrictamente prohibida y en INDIA, los aproximadamente 24 millones de cristianos sufren masivas persecuciones. En CHINA viven 16 millones de cristianos y hay una Iglesia estatal controlada por Pekín que rechaza la autoridad de Roma y una Iglesia clandestina fiel a Roma.

PROPÓSITO NUEVO: VOLVER AL BLOG


Después de muchos meses sin transitar por el blog, me he propuesto volver a él. Me ha costado encontrar la clave de acceso. Pero, al fin, la he descubierto. De nuevo los acontecimientos diarios nos ofrecerán la oportunidad de compartir ideas, opiniones, puntos de vista... Me gustaría que los artículos fueran enriquecidos con vuestros comentarios, pero... lo importante es que esta página sea un punto de encuentro. Propósito de este nuevo año: darle vida al blog.

sábado, 17 de julio de 2010

LA CONVERSIÓN DE SNEIJDER


El futbolista holandés Wesley Sneijder, autor del gol que eliminó a Brasil del Mundial Sudáfrica 2010, se convirtió al catolicismo y recibió el Bautismo poco antes de viajar al campeonato de fútbol.

Sneijder a finales de mayo se convirtió al catolicismo y se bautizó en una capilla de Milán, cercana a la ciudad deportiva del INTER, donde el futbolista no se cansa de ganar títulos. Influyó en esa decisión su novia, la actriz y modelo holandesa Yolanthe Cabau, con quien ha tomado la decisión de casarse por la Iglesia después del Mundial. También lo motivó su amistad con Javier Zanetti, compañero en el Inter, capitán y católico practicante, que se quedó sin Mundial, pero que celebró el bautismo de su amigo tanto o más como los campeonatos que este año ambos conquistaron en Italia y en Europa.

Sneijder dijo que fue "a Misa una vez junto a mis compañeros y sentí una fuerza y una confianza que me turbaron" por lo que siguió las clases de catecismo para adultos con el capellán del Inter.

Ya en Sudáfrica, explicó que reza todos los días y los domingos va a misa y comulga con Yolanthe, quien le regaló un rosario que él siempre lleva en su cuello. ‘La fe me da fuerzas. A veces mis convicciones me mantienen firme y me llenan de determinación. Todos los días recito el Padrenuestro con ella. Busco siempre, antes de comenzar los partidos, una esquina para rezar’".

lunes, 12 de julio de 2010

DIOS TAMBIÉN HA JUGADO EN EL MUNDIAL

LA RAZÓN. Mar Velasco/Álex Navajas. 07.07.2010

«La Santina funciona». La afirmación llega desde Sudáfrica, y la pronunció Villa tras marcarle dos goles a Honduras la pasada semana. El jugador asturiano no había tenido el mismo tino contra Suiza y, por eso, su madre fue a visitar a la patrona de Asturias. A continuación le mandó a su hijo, vía móvil, una foto de la Virgen. Y funcionó, según «el guaje». Pero el de Villa no es un ejemplo aislado de fe y devoción entre goles y vuvuzelas.

A principios de este año, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, fue tajante al anunciar que se sancionaría cualquier manifestación de religiosidad en un partido oficial de fútbol. Algunos no parecen haberse dado por aludidos. Las muestras de fe se han sucedido tanto dentro como fuera del terreno de juego. Una de las más sonadas ha sido la del capitán del equipo holandés, el jugador del Inter de Milan Wesley Sneijder. Tan sólo un mes antes del Mundial, el centrocampista de la «naranja mecánica» recibía el bautismo en una iglesia católica. Los «causantes» de su conversión habían sido su novia, Yolanthe Cabau, y el capitán del Inter, Javier Zanetti, conocido en Italia por su catolicismo.

«Podría haber sido sacerdote»
Wayne Rooney, uno de los «cracks» de la selección inglesa (a pesar del pésimo resultado que ha obtenido el equipo en este Mundial), fue fotografiado estos días luciendo un rosario durante los entrenamientos. «Lo llevo puesto desde hace cuatro años», afirmó en el Mundial la estrella del Manchester City durante una rueda de prensa. Un periodista quiso formularle otra pregunta sobre su fe, pero fue bruscamente interrumpido por Mark Whittle, jefe de Relaciones Públicas de la FIFA: «No se habla de religión». Rooney, de ascendencia irlandesa, reconoció recientemente que «podría haber sido sacerdote» gracias al buen ejemplo que recibió de los religiosos de su colegio.

Hay muchos más casos
Jesús Navas, jugador de la selección española, reconocía recientemente que siempre viajaba con la Biblia, y en sus botas grabó la frase «Dios es amor». El portero de Nigeria, Vincent Enyeama, ha desvelado la «fórmula» de su éxito bajo los tres palos: «Mi secreto es Dios». «Creo mucho en Él, y eso marca la diferencia. Él es quien me da serenidad, afirmó durante estos días en Sudáfrica.

«Dios me salvó»
El centrocampista paraguayo Jonathan Santana también ha hecho gala de su fe durante el Mundial. «Dios me salvó; Él hizo un milagro», ha confesado al recordar el ataque que sufrió hace ocho años. En 2002, Santana se dirigía en coche hacia un entrenamiento cuando recibió dos disparos de unos desconocidos. «Yo ya había aceptado a Dios en mi corazón mucho antes de aquel episodio, pero me sirvió para afianzarme en mis creencias y poder superar ese mal momento. Soy muy creyente», ha afirmado.

Un «clásico» en estas lides de fe y balón es el brasileño Kaká. A pesar de su bajo rendimiento en la Liga y en el Mundial, el jugador blanco apoyó la campaña en contra de la prostitución en la Copa del Mundo. El astro colgó una foto suya en Twitter luciendo la «canarinha» y exhibiendo un cartel que decía «Real men don´t buy girls!» («¡Los hombres de verdad no compran mujeres!»).

Y como nota curiosa (y ruidosa) del Mundial, la del responsable de Masincedane Sport, la empresa que ha comercializado la popular vuvuzela. Neil Van Schalkwyk ha reconocido que la trompeta «la inventó una iglesia evangélica». Mezclando cristianismo y tradiciones zulús , la congregación bautista de Durban diseñó el ar-tilugio a principios del siglo XX.

La oración del Mundial
El arzobispo de Ciudad del Cabo, monseñor Thabo Makgoba, ha elaborado una oración: «Bendice, Dios, el Mundial 2010. Bendice a quienes compiten y a quienes lo siguen, a los anfitriones y a los visitantes. Y ayuda a todos los que aman este precioso juego a crecer en el amor que nos has dado. Amén».

martes, 6 de julio de 2010

DOROTHY DAY: UNA “CONVERSA” DE NUESTRO TIEMPO

Almudí. Ramiro Pellitero. Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

1. Dorothy Day nació en Brooklyn, Nueva York, el 8 de Noviembre de 1897. Después del terremoto de San Francisco (1906), su familia se instaló en un piso en el sur de Chicago. En esa época experimentó las consecuencias de que su padre se hubiera quedado sin trabajo. Al mismo tiempo comenzó a recibir impresiones positivas del catolicismo. Cuando su padre fue contratado como periodista deportivo, se cambiaron al norte de la ciudad. Sus lecturas le atrajeron hacia los pobres.


En 1914 obtuvo una beca para la Universidad de Illinois. Estudiaba con desgana, atraída más bien hacia una orientación social radical. Dos años después, dejó la universidad y se trasladó a Nueva York, donde encontró un trabajo como reportera para The Call, el periódico socialista de la ciudad. Luego trabajó para The Masses, revista que se oponía a la participación de Estados Unidos en la guerra europea; de hecho, la revista sería prohibida poco después.

En 1917, Dorothy ingresó en prisión por haberse manifestado ante la Casa Blanca contra la exclusión de mujeres en la política. En 1918 se inscribió en un programa de formación para atender a enfermos en Brooklyn.

2. Dorothy estaba convencida de que el injusto orden social no había cambiado desde los tiempos de su adolescencia hasta su muerte, aunque nunca se identificó con ningún partido político. Su proceso espiritual fue lento. De niña asistía a los servicios litúrgicos de la Iglesia episcopaliana. Luego, siendo joven periodista en Nueva York, visitaba algunas veces a última hora la Iglesia Católica de San José, en la Sexta avenida.

De la Iglesia Católica le atraía el culto y la disciplina espiritual. La veía como "la Iglesia de los inmigrantes, la Iglesia de los pobres".

Después de una temporada en Nueva Orleans, volvió a Nueva York en 1924. Compró una casa cerca del mar en Staten Island y contrajo matrimonio ante la ley civil con Forster Batterham, botánico inglés, opuesto a la religión. En marzo de 1927 nació Tamar Theresa, que fue bautizada en la Iglesia Católica. Dorothy había quedado embarazada ya una vez años antes, a raíz de una aventura amorosa con un periodista, y había abortado, decisión que consideraría después como la gran tragedia de su vida. El bautizo de Tamar era un signo de su deseo de creer. "Yo no quería que mi hija pataleara como yo había pataleado con frecuencia. Quería creer y quería y quería que mi hija creyera, y si pertenecer a la Iglesia le iba a dar una gracia tan inestimable como la fe en Dios, y la compañía amorosa de los santos, entonces lo que había que hacer era bautizarla como católica".

3. De hecho, ella misma fue recibida en la Iglesia Católica en diciembre del año siguiente (1928). Por entonces había roto con Forster. En su vida se abría una etapa nueva donde intentaría compaginar su fe con sus radicales valores sociales. El 8 de Diciembre de 1932, después de presenciar con ansiedad una marcha por el hambre organizada por los comunistas en Washington, D.C., se confió a la Inmaculada Concepción en la Basílica Nacional erigida en su honor, pidiendo ayuda para descubrir el modo en que debía ayudar a los trabajadores y a los pobres: "Hice una oración especial, con lágrimas y angustia, para que se me abriera algún camino de forma que pudiera usar los talentos que poseía a favor de mis compañeros trabajadores, de los pobres".

Al día siguiente, ya en Nueva York, conoció a Peter Maurin, inmigrante francés 20 años mayor que ella. Maurin era un modesto trabajador que había abrazado el celibato y el espíritu franciscano de pobreza, y tenía el ideal de un orden social impregnado con los valores básicos del Evangelio. Aconsejó a Dorothy comenzar un periódico de inspiración católico-social para colaborar en la transformación pacífica de la sociedad. Considerado por ella como providencial, este encuentro venía a culminar lo que el pasado familiar, la experiencia en el trabajo y la fe habían labrado.
En Mayo -seguimos en 1932- comenzó a editarse The Catholic Worker, y en diciembre alcanzaba una tirada de 100.000 ejemplares. El periódico desafiaba las ideas sobre la urbanización y la industrialización, e impulsaba el compromiso personal de los lectores. Enseguida vino la atención directa a los necesitados: techo, comida y quizá algo de calderilla, por un tiempo ilimitado. En 1936 había 33 casas dispersas por el país. Alguna vez sus críticos le argumentaron con la frase de Jesús, "pobres habrá siempre entre vosotros". Ella replicó: "pero no nos alegramos de que haya tantos. La estructura de clases es obra nuestra y con nuestro consentimiento, no el de Dios, y hemos de hacer lo posible para cambiarla. Estamos urgiendo un cambio revolucionario".

4. Dorothy Day promovió un modo de vida contrario a la violencia. En 1935 The Catholic Worker publicó un diálogo entre un patriota y Cristo, donde el patriota desechaba la enseñanza de Cristo como poco práctica. Dorothy se opuso siempre a la guerra. Este ideal le ocasionó no pocas pérdidas entre sus lectores y el cierre de algunas casas de hospitalidad, especialmente a raíz de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

En los años cincuenta, promovió la desobediencia civil como penitencia por el uso de las armas nucleares contra Japón, combatió las pruebas y los ensayos de armas nucleares, y luchó por los derechos humanos exponiendo su vida. En los sesenta viajó a Roma para agradecer a Juan XXIII su encíclica Pacem in Terris y pedir un pronunciamiento firme del Concilio Vaticano II contra la guerra. Durante la guerra del Vietnam, The Catholic Worker continuó defendiendo activamente la objeción de conciencia. En 1973 -Dorothy tenía 75 años- fue encarcelada por última vez por apoyar a los agricultores.

En 1967, con motivo del Congreso Internacional del Laicado, fue una de los dos norteamericanos que recibieron la comunión de manos de Pablo VI. Con motivo de su 75º aniversario, la revista America le dedicó un número, donde se la reconocía como la mejor representante de "la aspiración y acción de la comunidad católica norteamericana en los últimos cuarenta años". La Universidad de Notre Dame la distinguió con su Laetare Medal.

Mucho antes de su muerte, el 29 de Noviembre de 1980, Dorothy era considerada como santa. Sus palabras más conocidas son su respuesta: "Don´t call me a saint. I don´t want to be dismissed do easily" (No me llame santa. No quiero que me despache tan fácilmente). Esa frase denota su estilo combativo y también el contexto que durante mucho tiempo enmarcó la opinión de muchos acerca de la santidad: un calificativo que parecía destinado a quienes no se habían preocupado por la justicia en este mundo. El 16 de marzo de 2000 el Cardenal de Nueva York, John O´Connor, anunció el comienzo de la causa de canonización de Dorothy Day, desde entonces Sierva de Dios.

lunes, 5 de julio de 2010

LA IGLESIA DEFIENDE LA VIDA HUMANA, AUNQUE SE QUEDE SOLA

Hoy entra en vigor la nueva Ley del Aborto. Ley más permisiva que la anterior pues el aborto aparece como un derecho, se puede abortar hasta la semana 14 de gestación, y lo podrán solicitar las menores de edad sin el permiso de sus padres.

Los motivos de la defensa de la vida no son principalmente religiosos, sino científicos: el cigoto que se forma de la unión del óvulo y el espermatozoide ya pertenece a la especie humana, ya es un ser humano. Por este motivo defender la vida no es monopolio de ningún credo religioso. Cualquier persona abierta a la verdad y consciente de la dignidad de cada ser humano lo hace. Pero también es cierto que la Iglesia está siempre a la cabeza de esta causa, apareciendo frecuentemente como la única “institución” a nivel internacional que se implica en ello de un modo incondicional y con claridad absoluta.


Para la Iglesia la vida humana tiene un carácter sagrado: el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por cada ser humano, Cristo ha derramado su sangre. Somos muy valiosos para Dios porque le hemos costado la vida de su Hijo Amado.

Esta soledad de la Iglesia en el tema de la defensa del “nasciturus” me ha recordado un texto que el científico judío Albert Einstein publicó en Time Magazine, en diciembre de 1940, sobre la soledad de la Iglesia en la denuncia de la barbarie nazi:


“Por ser amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (subida de Hitler al poder), miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente”.

DONDE HAYA ODIO, LLEVE YO AMOR


Muchos quieren recordar el pasado para generar rencor. Pero ha surgido una iniciativa que intenta contrarrestar tanto odio con una siembra luminosa de perdón y amor.

Alfonso Ussía, desde su columna de La Razón, nos regala hoy una carta de Nicolás Lupiañez del Castillo, de veinticuatro años, que había cursado la carrera de Derecho y que fue asesinado el 4 de agosto de 1936 en el cementerio de Albuñol. Es el testimonio de un joven que perdonó sin límites.

«Cárcel de Abuñol. 1º de agosto de 1936. Queridos padres, hermanos, sobrinos y amigos: Llega ésta a vuestras manos cuando ya no existo, y quiero que sea una última vez la que de mí tengáis noticias, y con ellas, el consuelo de saber mis últimos instantes. Llegan hasta mí, desde que aquí entré, noticias de la suerte que me está reservada, y ello me decide a poner estas líneas. No sé si moriré después de juzgado por un tribunal, o si a manos de una muchedumbre o de un grupo de osados. En cualquier caso sabed que doy gracias a Dios por haberme dado una muerte tan cruenta después del martirio de una prisión, esperando a cada instante perecer. Muero arrepentido de mis pecados, perdonando a todos y gozoso de comparecer ante el tribunal de Dios, Justo, pero misericordioso e infalible. El día que destrozaron las imágenes aquí, poco faltó para que asaltaran la cárcel y ejecutaran la pena –la capital–, que el Gobierno acaba de restablecer. Queda mi fe en Dios. Gracias por habérmela inculcado y gracias, Dios Mío, por no haberla perdido. No venguéis mi muerte, perdonad como yo perdono y confiad en Dios. Si veis días más felices o menos tristes, no me olvidéis en vuestra alegría. Rezad por mí. Perdonad y ser dignos del martirio. Perdonadme todos. ¡Viva España! ¡Viva Cristo Rey! Os abrazo a todos. Nicolás».